Todos saben que tengo una, o varias, profesiones frustradas. No pude ser veterinaria ni astrónoma pero hay una tercera que me caería más que bien: la de agente encubierta. Y estoy segurísima que hubiera sido mejor detective que James Bond. Es que tuve de quien aprender los mejores trucos del espionaje. ¿O no?
Desde chiquita hice mis primeros pininos contigo:
- Marité, anda a ver qué hace tu hermana abajo con su amigo.
- Sí papi! - en la posición de un soldado que acata una orden (Sir, yes Sir!)
- Hijita, pon cara de sueño y dile a tus hermanas que a que hora van a subir a dormir.
- Sí papi!
- Hija, baja y escucha de qué hablan!!!
- Sí papi!
- Mojona, baja corriendo y mira televisión en el mueble con ellos.
- Ya papi!
- Marité, dile a tu hermana que tú la acompañarás al cine porque nosotros vamos a salir.
- Yupi!!!
Cada vez que lo hacía terminaba subiendo con puchero y pisando fuerte cada una de las escaleras gracias a uno de los gritos que recibía por entrometerme en sus divertidísimas reuniones. En las que no hablaban de nada interesante, o como tú mismo me decías, seguro se callaban cuando yo entraba en acción.
Metía la pata de vez en cuando, sí, para qué negarlo. Y eso generaba más anticuerpos con mis objetivos, quienes estaban cada vez más atentas a mis incursiones. Como esa vez que siendo domingo y estando en tu cuarto viendo televisión te levantaste molesto mirando por la ventana diciendo luego en un tono un poco bajo: ya a qué hora se van estos! Uno que quiere bajar en calzoncillo a la cocina y ni puedo porque siguen ahí replantigados. Uy! Y para qué dijiste, nada ni nadie podía molestar a mi papá! Qué se habrán creído... Me puse mis pantuflas y bajé pisando fuerte cada escalón con cara de pocos amigos:
- Dice mi papá que a qué hora se van porque quiere bajar en calzoncillo a la cocina a comer y no puede porque están aquí!!!
- Mariteeeeeeeeeeeeeeeeee!!!! - hasta mi mami desde arriba me llamaba la atención con una simple llamada.
Pero ser así me ha llevado a darme cuenta de muchas cosas, como por ejemplo, soy muy perceptiva y descubro al toque las mentiras, que aunque tenga patas cortísimas para mi simplemente ni patas tienen. Los ojos, la ceja, las manos, la voz, todo vale cuando alguien miente. Y yo, tomando notas mentales como noica, descubro la cochinada en one!
Hoy mismo agarro tu agenda, esa en la que apuntabas llamadas sospechosas y datos curiosos. Es un mundo cuando me sumerjo en tus pensamientos.
...es genial...
