Cada inicio de mes es como un lienzo en blanco. A veces me siento positiva con ganas de darle la mejor cara y decir "este tiene que ser EL mes" y qué más da si ya es el último del año, tenemos que despedirlo con pica-pica y globos de fiesta. Pero otras veces, arranco con un poco de miedos y pensamientos fatalistas que no ayudan para nada.
Ayer arrancó diciembre, el mes del tráfico extremo, del loquerío en las calles, la grati que se va al día siguiente por pagar deudas, del estrés de los regalos, del amigo secreto que espera tener el "mejor amigo", de las colas hasta para ir al baño, de los lonches navideños que engordan hasta por consumir el aire que se respira, de los cuetecillos el 24 y 31 y el miedo de ver a Bruno temblar escondido detrás de mi o de quien sea para tratar de librarse del sonido y sensación de terror que debe sentir. Es un mes complicado.
Además, esta semana, como para empezar con el pie derecho, es la semana más cargada del año. Es más, del siglo creo. Hace unos días, me di cuenta que un día en el calendario está abarrotado de "pendientes". El día 5 del mes es un loco calato: análisis de rutina, reuniones de la chamba agendadas con meses de anticipación, citas que confirmar, eventos que cubrir y para colmo, el concierto de INCUBUS. ¿Cómo estaré en dos lugares a la vez? No lo sé, pero pensé en todo ese día y me estresé, sobre calenté, me hice bolas. Sí, puse freaky por adelantado.
Se vienen días en que tendré que batallar la ansiedad y ganas de comerme cuanto chocolate se me cruce en el camino. Así que, sálvese quien pueda. Este fin de semana, contra mi voluntad, fui el cuco más temido del año. Me peleé con el mundo de viernes a domingo a las 00:00 horas. Y me siento agotada. Física, y mentalmente. Es que lidiar contra los monstruos internos me deja sin aliento.
Pero lo importante está en que yo lo sé. No soy ninguna loca que anda por la vida renegando y desfogando con el mundo sin reconocer luego que "se pasó de la raya". A veces, el pequeño criter que llevo dentro me posee para dejar salir la versión más fea de mí. Por eso es que lo tengo tan encerrado que cuando sale, huyan todos. Porque ese no tiene piedad por nada ni por nadie. Qué miedo no?
En fin, diciembre es un mes estresante, pero también es un mes lindo. Con muchas promesas que cumplir y metas que lograr. Pues depende de él cómo se catalogue este 2013. Tengo fe en él y en todo lo que tiene por demostrarme.
Y es que hay semanas así. Con agendas llenas y corazones expectantes, en las que todo lo que esté apuntado y subrayado, tiene que salir bien. Como debe ser...
A ver si me sorprendes...
Diciembre...
