Hace un tiempo conté sobre el santo que me regaló mi papá, el mismo que puse de cabeza en mi closet según algún dato o consejo curioso que escuché alguna vez. El famoso Santo Toñito, que te consigue maridito. El problema de tener casi 800 post's es que ya no me acuerdo en qué año ni en qué mes lo escribí. Lo que puedo decir es que después que se le rompiera la cabeza a mi santo y fuera pegado con todo tipo de mezclas y experimentos, conocí a Lalo. Y aunque hasta ahora, Santo Toñito siga con la cabeza un poco suelta como perrito de taxi, me hizo el milagrito.
Este año, mi mamá me regaló otro santito, San Judas Tadeo. Dicen que se le conoce como el santo de los casos urgentes e imposibles, y la verdad es que creo mucho en él y estoy segura que hace milagros. Por eso lo puse al lado de Santo Toñito para que juntos hagan de las suyas.
Todos los días en las mañanas le dedico al menos unos minutos a pensar y agradecerle al Dios que está arriba por todo lo que me da y lo que no también. Le hablo un rato a los santitos y bueno, pido que me acompañen y me ayuden a tener un buen día.
Pero el miércoles fue diferente...
Era un día especial, de esos que deseas con todas tus fuerzas que lleguen pero cuando llegan te hacen temblar y hasta llorar de los nervios. Me desperté a las seis de la mañana, eso es media hora más temprano de lo habitual, y empecé con mi rutina de todos los días. Cogí a San Judas y lo puse un poco más cerca para poder mirarlo mejor, le hablé un ratito y me fui a bañar. Al salir, de casualidad empujé al santo con la punta de la toalla y cayó al piso. Abrí los ojos como platos y tomé aliento para mirar al piso. El santo estaba descabezado.
Recogí su cuerpo y su cabeza por separado y me dije a mí misma "respiiiira, y pieeeensa. Nada tiene que ver. Todo va a estar bien y no es un mal augurio ni mucho menos, respiiiira". Me fui a la cocina y saqué la caja de leche. Hace mucho tiempo lo hice con un adorno de mi mamá y funcionó. Estoy segura que con Santo Toñito también le metí esa mezcla en el preparado que hice para pegarlo. Intenté una vez, dos, tres... y nada. Parece que la leche descremada no ayuda. Es muy aguada. Busqué por todas partes y no encontraba nada que pudiera pegar. Una pesadilla. Bajé con el santo entre las manos hasta la casa de mi mamá, a la cocina para que nadie me vea (Lalo seguía sin entender qué estaba pasando), abrí la despensa de herramientas y había un pomito de un pegamento que decía "cola de algo", no me acuerdo de qué, pero de hecho olía a pegamento. Metí la punta de un lapicero y todo estaba seco. No podía ser!!! Hice una bolita de ese pegamento seco gelatinoso y pegué las partes. Presioné un poco y al separar los dedos la cabeza volvió a caer.
Los junté otra vez y me quedé así por un buen rato. Subí a mi casa aún con el santo entre las manos y por fin le conté a Lalo. Me dijo que no sea monga y que ya me aliste que nos íbamos en 10 minutos. Dejé al santo en la mesa de noche y la cabeza seguía unida al cuerpo. Preferí no tocarlo más.
El tema es que el día fue uno de los mejores días de mi vida. Noticias buenas llegaron y los nervios desaparecieron. Fue un día milagroso realmente.
Llegué por la noche para ver a San Judas y aunque usted no lo crea, la cabeza seguía pegada al cuerpo. Esa "cola de algo" había funcionado a la perfección.
Una vez más, mis santos, aunque los descabece antes, me conceden milagros...