Esto es casi casi como una novela mexicana. La protagonista ríe, sufre, llora y cuando vuelve a reír y está feliz le cae un yunque directo en la cabeza. Me pregunto qué harías tú si tuvieras un camino bifurcado en camino A y camino B, estando en un C que parece más Z de lo que creíste.
Es más o menos de lo que se tratan mis días esta semana. Y es que las cosas pasan en momentos que nunca imaginamos. Pero pasan por algo.
Puede ser más sencillo si pienso que estoy en una carretera y debo voltear. Derecha o izquierda. Sin pitos de policía ni el claxon de algún apurado detrás mío. Decidir libre y tranquila no tiene precio. Pero el reloj de arena ya está por acabarse. Se acaba el tiempo y debo elegir.
Derecha o izquierda...
Esto es lo que me tiene tan escasa de textos estos días. Espero que entiendas por lo que paso y lo que quiero lograr. Es difícil pero debo pasar esta etapa. Con choques y tropezones. Debo sentarme y aclarar mi mente. Ver con los ojos, con la mente, y no tanto con el miedo y el temor que a veces me tapan la visión.
Derecha o izquierda...
Pasan cosas, muchas cosas todos los días y podría tirarme horas escribiéndote y diciéndote todo lo que siento, recuerdo, pienso pero no. No lo hago por mil motivos que nadan en mi cabeza. No estás por aquí como para levantar el teléfono y decirme: ya hija, macha, voltea a donde te tinke más. Trato, te juro que trato. Pero no veo bien la pista como para voltear.
Derecha o izquierda...
Mil motivos para reír y gritar, pero ahora no puedo. No me siento en paz ni tranquila para hacerlo. Pero cuando decida voltear sin chistar, ahí te quiero ver. Sonriendo desde el cielo.
Sea a la derecha o a la izquierda...