Días así, llenos de trabajo y sin tiempo ni de respirar, quitan el aliento a cualquiera. Hacen que lleguemos a la casa, colguemos la cartera y simplemente caigamos rendidos a esperar el mañana. Conversar de a poquitos mientras las palabras sin sentido cobran vida propia y los teléfonos quedan sin cargarse para el día siguiente.
Ni los sueños tienen título en estos días, no calan y se olvidan al segundo de haber desfilado por el subconsciente agotado que solo espera poner la cabeza en la almohada para irse al otro mundo un ratito. Porque sí, para mí dormir es estar en el más allá por un poquito de tiempo. Sino, ¿cómo es que a veces soñamos con los que ya no están con nosotros y nos dicen cosas con total sentido? No hay otra explicación. Es irse al más allá y volver cuando sale el sol. Magia pura.
Estos días son bipolares, como yo. Por un lado son "ricos" porque se van al toque, pero por otro desesperan porque parecen correr como palomas al viento. No hay tiempo ni para pararse para ir al baño. Llamadas por teléfono al esposo, se reducen al segundo que aprovechas para tomar agua porque ya la garganta pide chepi. Y al final, ni el agua calma.
Son días que llegan sin avisar, y todo parece ser para el minuto que se acaba de ir.
Son días que estresan un poco más pero son del todo reconfortantes cuando se van.
Son días que se cuentan luego como anécdotas, pero en el momento desesperan.
Son días de espera para que llegue la calma.... y aquí mi haiku.
Es la espera
Cómoda y pesada
Que desespera