Era el quinto celular que me "regalabas" en menos de 6 meses. Y es que no era mi intención perderlos ni dejarlos olvidados para que alguna mano enemiga los tomara "prestados". Realmente no sé que me pasaba en ese tiempo que NADA me duraba mucho tiempo, tal vez por distraída o por sabe Dios qué. Este nuevo celular tenía que vivir otro tipo de suerte, no podía olvidarlo en una banca, tampoco en algún salón de la universidad, o escribir mensajes desde el carro con la ventana abierta en pleno tráfico limeño. No señor, este tenía que ser mi último celular en el año. A parte de que ya habías dado un ultimatum muy claro "no quiero escuchar que se perdió de nuevo Marité. Tienes que cuidar tus cosas no puede ser que seas así de descuidada. Valora las cosas que te damos. Y no te volveré a comprar otro". Estaba claro. Esto no debía volver a pasar.

No usaba mucho cartera en ese entonces, por eso, las bolsitas para celulares eran lo mejor. En la mochila, o en el carro, siempre estaba en su bolsita. Pero cuando "mensajeaba" obviamente o debía tener a la mano, para fácilmente teclear y enviar... esos tiempos... y no había otro lugar para ponerlos más que en el bolsillo del jean. Para que no incomode al caminar iba atrás, en el bolsillo derecho del poto. Lo tenía todo el tiempo que caminaba por la universidad metido ahí, para cambiar de salones, ir a la cafetería, o simplemente para caminar en el patio.
Al medio día recuerdo que nos tocaba subir al 4 piso y había que "escalar" así que celular en mano para que me acompañe en el camino y a mensajear si ha dicho. Ya por llegar me lo guardé en el bolsillo y entré al salón, dejé mis cosas y pensé que sería bueno comparme algo de tomar en las maquinitas y aprovechar en ir al baño a mojarme la cara antes de las 3 horas de "corrientes del pensamiento político". Wuju!!! Después de recibir mi vuelto en la máquina, conté las monedas las guardé en el bolsillo y entré al baño. "Mejor de una vez entro para no salir en plena clase", me desabroché el pantalón y cuando me lo iba a bajar, a la altura del muslo escuché "glup" se me congeló la sangre y hasta creo que lancé un fuerte "nooooooooooooooo". No quería voltear, no quería mirar abajo, pero tuve que hacerlo. Mi celular se había ahogado.

Lo saqué de un solo tirón, el agua estaba limpia obvio, sino lo dejaba desintegrarse en el water, pero ya todo estaba perdido. Lo sequé, lo abrí, le saqué todas su partes, le di RCP y nada. No reaccionaba. Era inevitable pensar en todo lo que me dirías al verlo descuartizado y casi sonando como vaso de agua por dentro, y me empecé a preocupar más. Escuché de todo: sécalo con secadora de pelo, déjalo al sol, llévalo a polvos o a algún servicio técnico. Y todo hice, pero nada. Sólo quedaba una alternativa, decirte y que tú te encargues de llevarlo al entonces "TIM". Pero no debía decirte que se había caído al agua, esta vez tenía que ser algo como por arte de magia. Alguna fuerza oscura se apoderó de él y lo hizo morir, esa sería la salida.
Llegó la noche y te vi en tu cuarto, era "ahora o nunca" pensé. "Papi, no sé que ha pasado, mira mi celular! Está muerto! No prende!!! Hoy lo he usado normal y ha estado perfecto. De la nada se puso la pantalla negra y murió. Qué hacemos?". Algo me dijo que te la habías creído, la primera prueba había pasado. Lo llevaste al día siguiente y en la noche te esperaba con la sonrisa dibujaba con plumón, porque de nuevo tendría mi celular en mis manos. Te vi muy serio entrar por la puerta y temí lo peor.
"Marité, estás segura que no pasó nada más con el celular?"
Me dijiste Marité, estaba en problemas.
"Claro papi. Como te dije, fue de la nada"
Esperaba que mis ojos no me delataran
"Qué extraño porque cuando lo abrieron delante mio el rastro de que por ahí había pasado agua era imposible de pasar por alto"
Sentí cómo los pelos de mis brazos se erizaron por completo.
"¿¿¿Aguaaaaaaa??? Eso sí que es raro, cómo pudo haber llegado el agua hasta ahí"
No había salida, faltaba poco para soltar la verdad.
"No te hagas que no te queda bien ser mentirosa. Además, desde el principio se notaba que era mentira que por arte de magia el celular se había malogrado".
Se pudrió todo...
"Pérdoname papiiiii! De verdad que me olvidé que lo tenía en el bolsillo, no sabía que no me lo había sacado, y quería ir al baño apurada por mis clases, y me hacía la pila, y corrí al baño, y......"
Sonreíste y me tocaste las manos diciéndome con tu voz siempre tierna.
"Por eso te he dicho siempre que no puedes estar tan distraída. Ya lo arreglé. Toma".
Mi celular estaba de vuelta. Nunca me lo dijiste pero era evidente que era uno nuevo.
La historia de la muerte de mi nuevo celular, te la escribo la próxima semana. Aún estoy muy triste para recordarlo, pero sólo te puedo decir que murió de la misma manera, ahogado. Pero esta vez, por la culpa de la chicha morada. BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!

