- Tu papi no vendrá este fin de semana hijita.
- ¿Por?
- Porque se va a ir de viaje unos días.
- ¿¿¿A dónde???
- Es cerca, no se va lejos.
- Sí, pero a dónde y cuánto tiempo!
- Se va por el norte, a ver a tus abuelitos.
- A pues, entonces vamos con él.
- No podemos Marité. Tus hermanos con quién se quedan. Además estamos lejos.
- ¿Puedo ir yo entonces?
- Que no! Tiene que ir sólo!
Era verano del 95' y como todos los jueves, preguntaba a las 8:00 pm a qué hora llegarías al día siguiente. Era ya rutina pasar la semana entera en la playa con mi mami y esperarte los fines de semana en la puerta del club con una gran sonrisa montada en mi bicicleta. Pero ese último fin de semana de febrero, no llegarías a darme el abrazo que valía por los cinco días que habían pasado sin vernos.
Ya un poco preocupada por algunas cosas que escuchaba en el malecón, cogí mi bicicleta y llegué al bungalow. No eran ni las 10:00 pm, hora de toque de queda para mí en ese entonces pero yo ya estaba lista para el interrogatorio.
- Ya bueno, dime la verdad mami, a donde se va mi papi?
En ese momento llegó David y se sentó en la silla frente a tu cama. Tenía la cara un poco pensativa, como si quisiera decir algo y no se animaba.
- Bueno, me vas a decir o no.
Ella se quedaba callada mirando fijamente la televisión, como si estuviera esperando algún flash informativo sin previo aviso.
- David, dime tú! Qué pasa? He escuchado cosas pero no sé si será verdad. Dime!
No recibía ni una sola respuesta y ya era algo crítico para mi aún tierna cabeza. Trataba de crear cientos de miles de hipótesis mentales para tapar las dudas: un viaje secreto tal vez, tenías que escoltar al presidente en una super misión encubierta, te habían pedido que vayas a otro país a preparar una enorme y linda casa para irte a vivir con nosotros, o tal vez era sólo una broma para llegar al día siguiente con muchas sorpresas para pasar el fin de semana juntos.
Hasta que después de unos segundos en silencio absoluto lo escuché en las noticias. Eso que jamás imaginé, solo lo vi en las películas de "ficción", se estaba haciendo realidad. No eran mitos ni leyendas. Estaba pasando en la vida real y uno de los actores eras tú.
El conflicto del alto Cenepa estalló a fines de febrero, no me pude despedir con un abrazo, tan solo con una llamada corta. Mi corazón latía a mil por hora cuando te decía "chau papi, cuídate mucho, te vamos a extrañar. Jerry también te va a extrañar. Regresa rápido ya?", no sabía hasta cuando volvería a escucharte. Fue una sensación realmente indescriptible. Mezcla de tristeza, miedo, incertidumbre, terror y esperanza. Algo de cólera por qué no?
Una guerra había comenzado... pero felizmente te trajo de regreso a nuestro lado para regalarnos aún muchos años más de alegrías y vivencias a nuestro lado.
Hoy, algo que quiere ser guerra parece estar naciendo en un país lejano. Y yo, sólo pienso en los corazones tan podridos que aún quedan entre los nuestros. Pues, quién piensa en "guerras" cuando existe tanta pobreza en el mundo. Sin duda, el mal existe, si se manifiesta de maneras que uno no puede creer.
Aunque sepamos que lo que un día vimos detrás de una pantalla, pueda volverse una realidad el día de mañana.
Si todos juntos cerramos los ojos y pedimos con el corazón,
puede ser...
que nos escuchen desde arriba y el ejercito más poderoso de todos,
interceda por nosotros.