Ella salió de su casa creyendo que soñaba.
Las nubes se habían ido de paseo dándole entrada a un sol de cuento. No había nadie en la calle y ella creía que soñaba.
Caminó sin rumbo, un día normal de la semana. Cerró la puerta a sus espaldas y enfrentó el "hoy". Con una sonrisa pintada, la cara lavada, creyendo que aún soñaba.
Las gotas de lluvia se suspendieron en el aire, ella no sabía si iban del suelo al cielo o viceversa. Era un día extraño, y creía que soñaba.
Sin sonido alguno en el ambiente empezó a cantar para acompañar sus pasos. Esos zapatos rojos que tanto le gustaban hacía juego con su sacón de algodón. Y creía que soñaba.
Llegó en unos minutos a su destino y se dio cuenta que el sol empezaba a ocultarse. Las nubes habían vuelto de paseo para opacarlo en un segundo. Y ella creía que soñaba.
Las gotas cayeron de pronto como aguacero y golpeaban fuerte contra el gorro que llevaba puesto. Se cubrió con las manos y corrió más a prisa. Creía que soñaba.
Los perros ladraban, las bocinas sonaban, los ruidos de la ciudad se hacían presentes cada vez más. De menos a más el sueño parecía una pesadilla. Se tapó los oídos para concentrarse en llegar a su casa y encerrarse en ella protegida dentro de sus cuatro paredes.
Ella creía que soñaba, pero no. La vida real a veces es así y duele darse cuenta de ello.
A veces todo va de maravilla, pero cuando uno menos lo espera parece que alguien moviera tablero de arriba a abajo para cambiarlo todo. Y es que nadie sabe lo que puede pasar mañana, por eso es mejor vivir y disfrutar cada uno de los minutos que la vida permite vivir. Contar las gotas de lluvia que te caen en la cabeza, buscarle formas raras a las nubes que pasan, pisar con ganas los charcos de agua que se cruzan en el camino, acercarse a las flores para olerlas un poco, cerrar los ojos y hacer como si camináramos por una cuerda floja con una sonrisa siempre en los labios.
Eso es vivir despierto pensando que soñamos.
Eso es vivir despierto pensando que soñamos.
