Me siento diferente, soy la misma de ayer, pero me siento diferente. Es una sensación extraña, como si aún no me hubiese despertado del incómodo sueño que tuve de madrugada. Tocando las paredes como a tientas y luchando por no dejar que se me caiga el pantalón ya con el elástico un poco vencido llegué al baño para tomar agua. Sí, a veces necesito lubricar la garganta porque dormir con la boca abierta no es muy recomendable que digamos (además no se ve bonito por ningún lugar), la maldición de tener rinitis me lo restriega en la cara cada noche. De ahí en adelante no logré pegar el ojo hasta que sonó el despertador.
¿En qué pensaba? Ni yo misma sé, estuve en un estado de trance un tanto extraño, pensando en lo que fui y en lo que podré ser en un futuro. ¿Llegaré a ser lo que quiero? El miedo siempre estuvo guardado en la cartera, pero empecé a sentirme distinta en algún momento de mi vida. El miedo no estaba más escondido sino lo llevaba de copiloto en el automóvil de los días que pasan. Siempre ahí, al acecho. Con ganas de ver realidad los peores deseos que llevaba siempre bien guardados bajo cinco llaves.
Ya no soy esa persona valiente y siempre con ganas infinitas de salir adelante. Es decir, las ganas están, esas nunca se pierden porque sino dejamos de vivir, pero ahora mutaron. No son las mismas ganas con la sonrisa en la cara. Siempre lo intento, y la mascara que me pongo delante lo dice. Pero muy en el fondo el verdadero sentimiento es otro.
Sin embargo, aquí sigo. Despertándome cada mañana sabiendo que el camino que tome el día depende del pie con el que nos levantamos. Depende de la forma de meternos a la ducha y de los colores con los que vistamos. No depende del tiempo que te tome estar metido en el tráfico sino de lo que hagas mientras tanto. Las manos son libres y tienen mucho por hacer aún así sea en un espacio de dos por dos. Depende de uno mismo tener la mente "ahí" en ese lugar o momento que deseamos estar. Dicen que si más piensas más cerca lo tienes, pero creo que es al revés. Mientras más lo "quieres", más se aleja.
Se trata de desearlo con el corazón. Y eso se me tiene que meter en la cabeza, porque nadie tiene "derecho" a nada en este mundo. Me explico mejor, no por el hecho que "los demás" vivan algo que tú aún no, no quiere decir que tu "tienes" que vivirlo. Eso depende de muchas cosas. Entre ellas, a cuál sea tu verdadero destino. Y eso, solo lo sabe el de arriba.
No logro descifrarlo y pienso que ya estoy muy lejos de ello.
A seguir remando con el intruso al lado. Intruso que cambió de nombre por no querer ser descubierto. El miedo, tiene muchas facetas.