Lo que hay en un rincón de mi mente

Tengo el orgullo de poder decir que la persona más importante en mi vida fue un verdadero heroe.
Un hombre que con cada palabra, me enseñó a ser lo que soy ahora.
Un hombre que por 65 años, se dedicó a vivir sus sueños y a hacerlos realidad.
Un hombre por el que yo daría la vida.
Un hombre que aunque ya no esté conmigo, en este mundo, lo está a cada minuto en mi corazón,
en mi mente, en mi alma.
Un hombre al que le dedico este blog.
Un hombre al que yo prefiero decirle papá...

11.12.13

¿Me lees el café?

Así nomas, de arranque me senté y le dije "por ahí me han contado que lees el café...". Abrió los ojos grandes como dos esferas y preguntó con su dejo super marcado "Oh my god! Y jien es el que le ha dicho?". No importa, pero sí o sí me lees. El muchacho se retiró con una tímida sonrisa, después de llevarse la sorpresa de no servirnos lo que siempre pedíamos.



Acostumbrados a pedir los riquísimos tés de manzana y granada con un şekerpare (especie de keke de sémola con almíbar) para compartir, esta vez había prometido hacer algo diferente. Es un lugar lindo y acogedor que no nos deja pasar por el frente sin parar aunque sea unos segundos. 

Hace poco, escuché que ese flaquito con acento extraño leía el café. La pensé muchas veces porque ese café en particular es extremadamente fuerte y amargo. Una tacita chiquitita cargada de café tan oscuro y espeso que parece chocolate. Una vez me acuerdo que Lalo lo pidió y no durmió en toda la noche. Tenía que probarlo, y además, siempre me llamó la atención eso de la lectura de lo que queda debajo de la taza. 

"Mireh señoriah,yo puedo enseñarh com es que los Turcos leemos el café, y si veo algo ya le digoh, Pero no soy experto eh!". No importa, solo quería entender cómo es que se lee una taza de café. "Tráigame un café turco entonces por favor". 

El mismo chico flaquito y Lalo me preguntaban sin parar si estaba segura, porque es super fuerte y además ya eran casi las 10:00 pm y no podría pegar el ojo hasta el día siguiente. "Caray que sí. Yo sí voy a poder dormir". Café a la vena por favor. 

Llegó el chico con la bandeja en las manos y le entregó a Lalo su té y a mí una pequeña tacita con una jarrita a parte y un vaso con agua: "Para quie después lo tomeh, o antes tambiehn. Como usteh prefiera". Quedamos en que le avisaría cuando terminara de tomarlo.



Tomé el primer sorbo imaginándome que era chocolate, pero me equivoqué. Era como tragar brea caliente en bruto. Luego la el segundo, tercer y cuarto trago fue menos traumático, pues a falta de azúcar (no quería ponerle) una cucharadita de sekerpare lo hacía más amigable al paladar chusco de esta perucha. 

Al terminar, el Turco me dijo que pusiera la taza boca abajo encima del platito después de una cuantos leves "giros catatorios". Esperamos unos cuatro minutos a que enfríe y asiente el café y el flaco volvió diciendo "como les digo, yo les puedo decir lo que veo y ustedes me dicen si lo ven también, ahora, los Turcos interpretan, pero yo no tengo aún tanta experiencia. Debo estudiar", finalizó con una sonrisa.

Se dice que muchas veces se pueden ver aves, cuadrúpedos y hasta dragones, se suelen relacionar muchas veces los destinos de cada persona con animales conocidos. Además, pueden aparecer circulitos que representan los ojos de la envidia, o algunas cosas locas que seguro solo ellos pueden imaginarse. 

Dio vuelta a la taza finalizando los minutos de espera y sonrió viendo la taza muy de cerquita. "No sé si tú la ves, pero yo veo una bailarina al parece un poco árabe, bailando delante de una animalito, que parece ser una foca. Lo ves?". Efectivamente los vi.  


Puedo crear mil y un interpretaciones, y ver una y un millón de formas más en mi taza, pero creo que la mejor interpretación que le doy a esto es que así como uno hace su propio camino al andar, uno ve lo que con el corazón quiere realmente ver. Si solo hay bondad dentro de ti, ¿qué cosas malas puedes ver en una taza de café? de eso se trata la vida, de mirar los días con los ojos del corazón. De esa manera, serán solo como uno mismo quiere que sean.

Depende de mí si bailo con los brazos arriba de felicidad o si me tiro a llorar por la primera piedra que pise. 

¿Ven ustedes a la bailarina?


9.12.13

Avalancha de pensamientos

Me siento diferente, soy la misma de ayer, pero me siento diferente. Es una sensación extraña, como si aún no me hubiese despertado del incómodo sueño que tuve de madrugada. Tocando las paredes como a tientas y luchando por no dejar que se me caiga el pantalón ya con el elástico un poco vencido llegué al baño para tomar agua. Sí, a veces necesito lubricar la garganta porque dormir con la boca abierta no es muy recomendable que digamos (además no se ve bonito por ningún lugar), la maldición de tener rinitis me lo restriega en la cara cada noche. De ahí en adelante no logré pegar el ojo hasta que sonó el despertador.


¿En qué pensaba? Ni yo misma sé, estuve en un estado de trance un tanto extraño, pensando en lo que fui y en lo que podré ser en un futuro. ¿Llegaré a ser lo que quiero? El miedo siempre estuvo guardado en la cartera, pero empecé a sentirme distinta en algún momento de mi vida. El miedo no estaba más escondido sino lo llevaba de copiloto en el automóvil de los días que pasan. Siempre ahí, al acecho. Con ganas de ver realidad los peores deseos que llevaba siempre bien guardados bajo cinco llaves.

Ya no soy esa persona valiente y siempre con ganas infinitas de salir adelante. Es decir, las ganas están, esas nunca se pierden porque sino dejamos de vivir, pero ahora mutaron. No son las mismas ganas con la sonrisa en la cara. Siempre lo intento, y la mascara que me pongo delante lo dice. Pero muy en el fondo el verdadero sentimiento es otro. 

Sin embargo, aquí sigo. Despertándome cada mañana sabiendo que el camino que tome el día depende del pie con el que nos levantamos. Depende de la forma de meternos a la ducha y de los colores con los que vistamos. No depende del tiempo que te tome estar metido en el tráfico sino de lo que hagas mientras tanto. Las manos son libres y tienen mucho por hacer aún así sea en un espacio de dos por dos. Depende de uno mismo tener la mente "ahí" en ese lugar o momento que deseamos estar. Dicen que si más piensas más cerca lo tienes, pero creo que es al revés. Mientras más lo "quieres", más se aleja.

Se trata de desearlo con el corazón. Y eso se me tiene que meter en la cabeza, porque nadie tiene "derecho" a nada en este mundo. Me explico mejor, no por el hecho que "los demás" vivan algo que tú aún no, no quiere decir que tu "tienes" que vivirlo. Eso depende de muchas cosas. Entre ellas, a cuál sea tu verdadero destino. Y eso, solo lo sabe el de arriba.

No logro descifrarlo y pienso que ya estoy muy lejos de ello. 
A seguir remando con el intruso al lado. Intruso que cambió de nombre por no querer ser descubierto. El miedo, tiene muchas facetas.


6.12.13

Un regalo para Silvino

Hace unos días escuché una historia que me dejó pensando mucho...


En una zona lejana de Lima, vive un niño (de ahora en adelante Silvino). Él es ese tipo de niño que con solo una tímida mirada y un "buenos días señorita" puede hacer simplemente que un fiero corazón se vuelva de algodón. Es que deja ver su almita noble a través de esos ojitos brillosos y esas manitos rechonchitas con las que recoge los platos sucios. Estoy segura que ese niño es especial. A veces nos visita en la oficina acompañando a su mamá, la ayuda en todo lo que puede menos en bajar vasos y platos que están en los estantes más altos de la cocina. Siempre pregunto por él, y es así como escuché lo que le pasó hace unas semanas...

Silvino estaba en su casa un día por la tarde a la salida del colegio atento viendo televisión mientras lavaba el plato que acaba de utilizar para su almuerzo. Dejó los sobres y papeles que habían dejado debajo la puerta en el cuarto de su mamá para que los vea al llegar del trabajo, pero hubo uno que llamó su atención. "Elektra" le había mandado un sobre cerrado a su familia y él no entendía por qué, por eso se lo dejó a su mamá para que ella vea y le diga qué era. "Él sólo es un niño" como siempre dice Silvino. 

Pasaron unos minutos y llamaron al teléfono de su casa:
- Aló buenas tardes?
- Hola! Has ganado un premio mayor!
- Quién habla?
- Solo tienes que traernos un aparato electrónico viejo y nosotros te damos uno nuevo!
- Elektra?????
-Sí, sí!!! Somos Elektra!
- Sí! Recibimos su carta!!! Qué le tengo que llevar???
- Cualquier artefacto!!! Lo que tú quieras! Televisor, computadora! Todo!
- Ya! Ya sé que llevar! Me dan uno igual nuevo no???
- Sí!!!
- Ya!
- Te esperamos!
- Pero señor! A dónde lo llevo!
- Estamos justo en la esquina de la calle X e Y!
- Estoy cerca!!! Voy para allá!
- Corre! No pierdas tiempo!

Pobre Silvino, cogió ilusionado su Play Station y se lo llevó al hombre del teléfono. Hombre misterioso que resultó ser un timador de primera, un infeliz que se vale de niños para engañarlos. Y así como Silvino llegó a él, se dio media vuelta y con los mismos engaños el hombre desapareció dejando al niño sin Play nuevo, y sin el antiguo. Silvino había sido engañado de la manera más cruel.

"Mamá! Por qué me pasa esto a mí??? Yo sólo soy un niño! Por qué me pasa esto a mí Dios mio!", repetía Silvino a su mamá cuando llegó del trabajo. Felizmente, unos días después gracias a Dios recibieron un regalo de una noble persona, alguien que también tiene el corazón de algodón se conmovió con su historia y le repuso el Play a Silvino. 

Esto me llegó realmente al corazón y no dejaba de imaginarme al pobre niño llorando desesperado reclamándole al cielo el por qué de su suerte. Yo quise contribuir un poco con esa felicidad que le habían devuelto de a poquitos pero se la arrebataron una tarde así como así. Por eso, llegué a la casa y le pregunté a Lalo si aún tenía sus juegos antiguos de Play2. Él también es como un niño con esos juegos y cuando tenía la versión anterior se compró más de 50 juegos. "Por qué preguntas? Quieres dárselos a Silvino no?", no soporté y con las lágrimas que escondí cuando escuché la historia le dije que sí. 

Al día siguiente le entregué la caja a la mamá de SIlvino y sus ojos me dijeron todo. Esa tarde contribuí un poquito más con la felicidad de ese niño. No hay nada más reconfortante que eso.

Más reconfortante aún es cuando luego le pregunté a su mamá qué le había dicho Silvino al recibir la caja:
- Mamá, es la señorita que me regaló los caramelos en Halloween no?
- Sí hijito.
- Dígale a la señorita Marité, que la amo!!!!!!!!!!!!!!!!

Esta Navidad Silvino será un poquito más feliz sin duda.


4.12.13

Haiku de diciembre

Días así, llenos de trabajo y sin tiempo ni de respirar, quitan el aliento a cualquiera. Hacen que lleguemos a la casa, colguemos la cartera y simplemente caigamos rendidos a esperar el mañana. Conversar de a poquitos mientras las palabras sin sentido cobran vida propia y los teléfonos quedan sin cargarse para el día siguiente. 

Ni los sueños tienen título en estos días, no calan y se olvidan al segundo de haber desfilado por el subconsciente agotado que solo espera poner la cabeza en la almohada para irse al otro mundo un ratito. Porque sí, para mí dormir es estar en el más allá por un poquito de tiempo. Sino, ¿cómo es que a veces soñamos con los que ya no están con nosotros y nos dicen cosas con total sentido? No hay otra explicación. Es irse al más allá y volver cuando sale el sol. Magia pura.

Estos días son bipolares, como yo. Por un lado son "ricos" porque se van al toque, pero por otro desesperan porque parecen correr como palomas al viento. No hay tiempo ni para pararse para ir al baño. Llamadas por teléfono al esposo, se reducen al segundo que aprovechas para tomar agua porque ya la garganta pide chepi. Y al final,  ni el agua calma.

Son días que llegan sin avisar, y todo parece ser para el minuto que se acaba de ir. 
Son días que estresan un poco más pero son del todo reconfortantes cuando se van.
Son días que se cuentan luego como anécdotas, pero en el momento desesperan.
Son días de espera para que llegue la calma.... y aquí mi haiku.

Es la espera
Cómoda y pesada
Que desespera


El heroe de mi vida