De niña siempre se preguntó de donde venían las lágrimas. "Acaso teníamos todos un pozo enorme detrás de los ojos que era recargado siempre con toda el agua que tomáramos durante el día?", se preguntaba sin cesar. O, tal vez, enanitos trabajadores operaban en una máquina fabricante de lágrimas que producía la cantidad exacta para un llanto?
Después de mucho tiempo, ella entendió que las lágrimas no tienen fuente de origen más que el mismo corazón. Y que uno no solo llora de pena, también puede llorar de emoción, alegría y hasta de risa. Las lágrimas nunca se acaban por más que algún hecho haya sido merecedor de días y días de lágrimas al viento. No se acaban.
Pasó el tiempo y sólo él se encargó de enseñarle que las lágrimas nacían en lo más profundo de de cada uno. Y no importaba estar tristes o felices, siempre alguna vez la vida nos puede sorprender con una lágrima saliendo de los ojos. Hasta incluso un bostezo. Fue entonces cuando conoció al recolector de lágrimas.
- Yo viajo por el mundo conociendo todo tipo de gente. Y al hablarles logro tocar la fibra más delgada de su alma y ellos demuestran que llegué precisamente cuando derraman una lágrima. Abro mi bolso y saco el gotero que siempre llevo conmigo para atraparla en pleno trayecto de los ojos hacia los labios. Justo antes de que llegue a su destino, la trapo para hacerla solo mía.
- Pero, qué gana usted con eso?
- No sabes niña? De esa manera puedo hacer las mejores pócimas del mundo. Todo depende de lo que haya originado la lágrima, si es un hecho doloroso, entonces va destinada a los brebajes para curar males del corazón y del alma; pero si son producidas por un recuerdo feliz que hace que se te escarapele el cuerpo van destinadas a las pócimas para retroceder en el tiempo.
- Y usted las vende?
- No señora. Lo que hago es recolectarlas y cada una de ellas se encarga de llegar a su destino como por obra de magia.
- Y a mí? Cuál me daría entonces?
- Uy para ti he guardado una muy especial y sabes para qué es? Para nunca dejar de soñar. - De verdad???
- De verdad! Cada vez que bebas unas gotas de este frasquito cerrarás los ojos y soñarás lo que tú quieres soñar. Y sabes qué es lo mejor de todo?
- Qué! Dígame! Qué!!!
- Cada lágrima que recojo esconde detrás una historia que ellas mismas se encargan de contarte mientras más tomes la pócima. Descubrirás cosas nuevas. Ya lo verás.
Fue así, que después de muchos días la niña descubrió que no sólo las lágrimas nunca se acababan, sino que la esperanza debía también aprender un poco de ellas. A nunca acabarse a pesar de todo. Porque uno nunca sabe cuándo un golpe de suerte tocará la puerta principal de la casa. Por más que todo parezca haber perdido todo tipo de luz, siempre habrá un punto más claro dentro de todo el paisaje. El truco, es ver esa claridad difusa y poco a poco hacerla más y más grande. Como si fuera a tomarlo todo con su fuerza para iluminarlo al máximo. Esa es la fuerza del "blanco y brillante".
Y además, siempre habrá un recolector de lágrimas que recoja historias de los ojos a la boca. Eso pasa cuando hasta las lágrimas esconden hermosas historias detrás.