Lo que hay en un rincón de mi mente

Tengo el orgullo de poder decir que la persona más importante en mi vida fue un verdadero heroe.
Un hombre que con cada palabra, me enseñó a ser lo que soy ahora.
Un hombre que por 65 años, se dedicó a vivir sus sueños y a hacerlos realidad.
Un hombre por el que yo daría la vida.
Un hombre que aunque ya no esté conmigo, en este mundo, lo está a cada minuto en mi corazón,
en mi mente, en mi alma.
Un hombre al que le dedico este blog.
Un hombre al que yo prefiero decirle papá...

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14.6.18

Desde hace unos días

Sabes que desde hace unos días me parece escuchar que se abre la puerta de la casa, suenan unas llaves en consola, seguido de unos pasos (ni tan rápidos ni tan lentos) escaleras arriba para llegar al segundo piso  escuchar: "qué tal táfico!". 

Sabes que desde hace unos días no hago más que pensar en todas las veces que te me dijiste que por comer helado al día siguiente te salía un "rollo extra" en la panza. Pero pensando igual eso te ibas al Bembos de la esquina cada vez que podías para jugar a las apuestas y ver cuántos helados te podías comer al hilo. Increíble, pero cierto. 

Sabes que desde hace unos días empecé a recordar cómo fue esa primera vez que me subí en el asiento de atrás del avión que tantas veces volaste simplemente porque te dieron ganas de volar. "Como si e subieras a tu bicicleta", me decías. Sentí el viento y casi casi juro que pude escuchar tu voz colada entre el soplido fuerte del viento a unos cuantos pies de altura. 

Sabes que desde hace unos días me acuerdo de los cambios de nombre de les hacías a mis amigos. Nunca supe si realmente lo hacías a propósito o porque no te acordabas. Pero ahora que lo pienso bien, de hecho era con doble. Nunca perdías la oportunidad de reírte o hacer reír a quien captara alguna de tus bromas. 

Sabes que desde hace unos días trato de acordarme de cada detalle tuyo: tu pelo suavecito, tus manos, tu voz, tus cosquillas que dolían, tus ojos renegones, tu olor a papá, tu forma de caminar, tus ronquidos que se escuchaban hasta el otro lado de la casa, tu risa, tu despertador, tus ganas de hacer todo el día cosas, tu energía, tus cariños toscos, tus preocupaciones, todo... pero por más que trato cada vez se hacen un poco más borrosos. ¿Serán los años sin verte ni escucharte?

Sabes que desde hace unos días no dejo de preguntarme si realmente eso que pensamos hace mucho es hoy una realidad: ¿será un sueño mientras estamos despiertos y una vida paralela mientras dormirmos? Cosas que solo pasan en esas conversaciones en el tráfico. Cosas que solo pasan una vez y se recuerdan para siempre. 

Sabes que desde hace unos días me pregunto por qué no te dije que sí para ir al cine ese viernes que preferí quedarme en la casa sin saber que sería el último viernes que te vería. Luego me acordé que esta semana es el día de padre y entendí la razón de todos esos pensamientos en masa. 

Te extraño...


30.6.17

El día de Bruno

Siempre esperamos el final de junio con mucho entusiasmo. Para ser más exactos, esperamos los 30 de junio con mucha ilusión para decirle "feliz día" a alguien que tal vez no sepa siquiera que es su cumpleaños. Celebramos el día en que Bruno, nuestro perrito, llegó al mundo.

El día que lo trajiste a la casa, yo aún no había superado la muerte de Jerry, que nos acompañó 9 años y le dio cáncer y tuvimos que despedirnos de él. Pasó los mejores años de hecho porque vivió feliz, pero fue triste perderlo. Cuando llegaba de la universidad, solo entraba a la casa y lloraba. Nadie me recibía con esos saltitos alegres y lenguetazos alocados, sufrimos mucho de verdad. 

Hasta que uno de esos días todo cambió: llegué a la casa y mi mami me dijo que vaya a mi cuarto, que había llegado una sorpresa de una amiga que vivía en Estados Unidos. Subí arrastrando los pies y con la tristeza de los últimos días y lo vi. Envuelto entre mis colchas con un lazo rojo en el cuello. El perro más plomo y patilargo del mundo me estaba saludando moviendo la colita. Era un bebé, y yo no me pude resistir al repentino enamoramiento que sentí en ese preciso segundo. 

Fueron días llenos de alegría, sin olvidarme de Jerry hasta hoy por supuesto, pero Bruno se convirtió en parte importante de la familia. Renegón desde chiquito, pero es clásico de los Schnauzer creo yo, pero juguetón hasta el día de hoy. Es gorrero y pedilón y últimamente hace renegar a mi mami porque se anda haciendo la pichi en la casa. Cosa que nunca hizo de chiquito, yo creo que ya no está controlando muy bien, pero ella piensa que lo hace de malcriado.

Es mi viejito, el que me acompaño hasta en las fotos de mi matrimonio y me ayudó en mis primeros y alocados días de mamá primeriza. 

Hoy, cumple 14 años y yo solo puedo apachurrarlo y darle las gracias por existir. Sé que algún día le tocará irse también, y ahora realmente no quiero ni imaginar el momento, solo quiero que el tiempo que le toque quedarse a nuestro lado, sea el mejor.

Feliz cumpleaños Bruno!


31.1.17

Otra cita contigo

Sabes que cada vez que te escribo siento como si tuviera una "cita contigo". Es raro pero sigo sintiendo esa sensación que sí, que efectivamente te escribo, y tú me lees. A pesar de la distancia, a pesar de los años, aún me lees. 

Sé que muchas veces cuando estoy perdida, o en una situación difícil me pregunto qué hubieras hecho tú. Y te hablo en silencio, en mi mente, con el corazón y el alma. Y a pesar que no te escucho sé que me aconsejas, también en silencio. Otro tipo de silencio, pero silencio al fin. 

También, cuando estoy sola, te pienso y te imagino viviendo momentos que quedaron en el tintero. Los pienso y los imagino. A pesar que no hayan sucedido porque el tiempo nos ganó, lo vivo realmente. Tú, cargando a los bebes y haciéndoles cosquillas como toda la vida nos hacías a nosotros; tú, llevándolos a tomar helados a la esquina de siempre contando historias fantásticas de pulgarcito en su avión de madera; tú, llevándolos de la mano al nido y despidiéndote en la puerta, siempre en silencio. 

Esos consejos que no me diste, porque la vida es complicada y nos hace tomar rumbos distintos cuando menos lo esperamos, todavía siento que están pendientes. Las enseñanzas, los almuerzos, las películas, las risas, los castigos que duraban minutos, los ojos tristes, las manos extendidas, las palabras que marcan, las historias inventadas pero con moraleja al final, las propinas, las recogidas de madrugada, las llamadas preocupadas, las visitas inesperadas, los "salud" que no se dieron, y muchas cosas más aún están pendientes. 

Y a pesar del tiempo, te extraño como el primer día.

Extraño tu voz,
tus fuertes pisadas al llegar a la casa,
tus apretones de hombro,
tus cosquillas,
tu risa,
tu sonrisa,
tu silencio amargo,
tus cejas fruncidas,
tus chistes malos,
tus consejos, 
tus molestos consejos,
tus buenos consejos,
tu pelo suavecito,
tus manos suavecitas,
tus duchas a las 5:00 am,
tus "feliz cumpleaños",
tus abrazos,
tus besos,
tus llamadas de teléfono,
tus mordidas de manzana, 
tus cariños,
tus películas a medias,
tus visitas al doctor por consultas de terceros,
tu buen corazón,
tu preocupación extrema,
tu estrés (que me lo pasaste a mí),
tus frenazos en el carro,
tus disculpas,
tus terqueadas,
tus reniegos,
tus juegos toscos,
tu música,
tus sueños,
tus metas,
tus vuelos,
tus aviones,
tus huellas.

Te extraño a ti papi.
Siempre te extrañaré.


17.1.14

Distancias

Una vez más regresé a esa casa que a lo lejos parece de cuento. Cerré los ojos y de pronto estaba ahí, mirando al mar desde ese gran balcón. Sentía el viento soplar llevándose mi pañuelo azul hasta el fondo del horizonte. Lo perdí de vista segundos más tarde cuando tocó con sus puntas el agua salada hundiéndose de a pocos hasta desaparecer por completo. 


La delgada línea que separa el cielo del mar parece teñirse de rosa con un poco de naranja. El sol se despide dejando solo el sonido de las olas que golpean contra las rocas. Por un minuto creo que el balcón de funde en el mar pero solo es la brisa que baña mi rostro. El olor se cuela por cada uno de mis poros y respiro profundo. 

He regresado una vez más a ti para tratar de descubrir qué es eso que escondes muy en el fondo. ¿Un secreto tal vez? Ese sentimiento que me une a ti es tan grande y misterioso que congela hasta a la fibra más delgada. Al corazón más fiero, y el alma más blanca. 

Con cada vaivén una palabra parece llegar al fondo de mis pensamientos, inventos quizá, pero algo me dice ese cuadro que tengo perenne en mis pensamientos. 

Cuando ya el sol se haya ido por completo, nos quedaremos solos tú y yo, con la noche de testigo, y si tenemos suerte la luna nos bañará con su luz azul. Y como la suerte siempre nos acompaña, será un miembro más en la mesa redonda que con velas nos espera para conversar por horas y horas. 


Muy a lo lejos, ese gran faro que parece el guardián más fiel con el que puedes contar, se encarga de alumbrarnos rítmicamente al compás de las olas. Un acuerdo previo entre ustedes tal vez, aunque debe sentir una gran frustración por saber que pasa atrás cuando mientras está mirando hacia adelante. 

Tú que vienes y vas llevándote pensamientos, palabras, lágrimas y sonrisas ¿Cuántas cosas habrás recogido para llevarlas a ese lugar que solo tú conoces? Hasta las mismas huellas que deja la gente en la arena, esperan por verte llegar para luego ser borradas del mundo. 

Llegó el momento de abrir los ojos y volver, esa casa ya no está a en ese gran acantilado y ese balcón tampoco me permite mirarte a lo lejos. El faro también ha desaparecido de pronto, pero muy en el fondo sé que siempre volveré a ti cada vez que quiera y el tiempo, me lo permita. 

Una sonrisa se dibuja en mis labios. Fui cómplice de tus sueños una vez más.
Algún día descubriré eso tan fuerte que me une a ti.

11.2.13

Pinceladas de un sueño

Una vez más caminaba sobre el mismo lugar a la misma hora...

Había llegado hacía solo unos minutos pero no podía dejar de emocionarse al ver el reloj y comprobar que faltaban 15 escasos minutos para las 6:00 de la tarde. Bajó del carro poniendo los pies en el suelo con cuidado para no pisar alguna piedrita traviesa que quisiera ponerse en medio para dificultar el camino y cogió sus zapatos con la mano derecha.

- ¿A dónde vas? -  preguntó el padre preocupado al ver bajar a la niña entusiasmada mirando al océano.
- Voy a la orilla papá. Quiero ver cómo el sol se despide del cielo y se mete a su cama para dormir hasta mañana. 
- Pero entra a dejar tu mochila primero niña. O acaso vas a dejar que este viejo cargue todo solo?
- Ay papá, no demoro! Son solo unos cuantos minutos. Ya vuelvo!

El padre se quedó sostenido de la puerta mientras la figura de la niña se hacía cada vez más y más pequeña en el horizonte. La neblina dificultaba un poco la visión del hombre pero no hacía falta ver la silueta para sentir que su hija estaba bien. Era feliz en ese lugar. Siempre lo fue.

Llegó a la orilla del mar, no sin antes tirar sus zapatos y soltarse la cola de caballo que su mamá le había hecho con mucho cuidado en el camino. Miró el profundo mar como si fuera una persona, los ojos fijos en un punto de la inmensidad, justo en donde una delgada línea parece separar el mar del cielo y paso a paso lentamente se acercó a la espuma blanca. 


La punta de sus dedos empezó a sentir que el agua inundaba sus dos pies. Siguió avanzando un poco más humedeciendo la basta de sus pantalones hasta hacerlos más pesados. Inhaló el aire puro de esa tarde de primavera con ojos muy abiertos concentrada en ese mismo punto donde separan los dos elementos. Giró a la izquierda e inició la caminata habitual hacia las grandes rocas que delimitan el final de la playa. 

Cada uno de sus pasos parecía bajarle un grado a la luz del cielo, pues poco a poco caía la noche y el sol se iba ocultando en el fondo del mar, siempre acompañando sus pasos. Estiró la mano derecha como si el mismo sol le pidiera que entrelazaran sus dedos para acompañarse en el camino. Sonrió bajando la mirada. 


Luego de unos minutos llegó a la roca inmensa, y en esa roca inmensa había un peñasco y en ese peñasco unas algas y en esas algas estrellas de mar, y en esas estrellas caracolas y en esas caracolas se oía el susurro del mismo mar que tenía delante de sus ojos. Tomó una, la más grande de todas y se la llevó al oído.

- ¿Qué es eso que quieres decirme y nunca lo logras? Trato de entenderte y no logro más que oír tus suspiros. ¿Por quién? Extrañas a alguien tal vez? No lo entiendo.


Se sentó en una piedra a la que no llega el agua, solo con la puntita de los dedos a penas. Recogió las rodillas y posó nuevamente la mirada en el fondo del mar. El sol le daba los últimos besos de buenas noches al océano grandísimo hundiéndose en él llevándose la poca luz que quedaba. Era hora de volver.

Bajó la cabeza y regresó a donde la esperaban sus papás en la misma posición que los dejó. Regresó sin respuestas pero con la misma sensación de plenitud de siempre.

¿Qué sería eso que el mar intentaba decirle todos los días que se encontraban? 


El heroe de mi vida