Me dejaste todo de ti... hasta en el último rincón del mundo.
Lo que hay en un rincón de mi mente
Tengo el orgullo de poder decir que la persona más importante en mi vida fue un verdadero heroe.
Un hombre que con cada palabra, me enseñó a ser lo que soy ahora.
Un hombre que por 65 años, se dedicó a vivir sus sueños y a hacerlos realidad.
Un hombre por el que yo daría la vida.
Un hombre que aunque ya no esté conmigo, en este mundo, lo está a cada minuto en mi corazón,
en mi mente, en mi alma.
Un hombre al que le dedico este blog.
Un hombre al que yo prefiero decirle papá...
A veces creo encontrar nudos donde no los hay o verdades
ocultas que más que ocultas están a simple vista pero juegan con mi cerebro de
espía frustrada para decirme “oye aquí estoy, deja de imaginar que maquino algo
en tu contra”. Pues el mundo no siempre está enseñándome la espalda.
Felizmente.
A veces me invento historias de la nada, continuaciones de “algo”
que puedo ver en la calle,
en un semáforo rojo,
en una esquina,
desde una ventana,
desde mi rincón preferido.
A veces creo ver “más allá de lo evidente” y a pesar que no
me guste me pongo en todos los escenarios posibles. Si pasa esto o lo otro. Por
si acaso nomás me proyecto. Y me angustia por ratos, pero me prepara sin
querer.
Y así también sin querer queriendo a veces está de mi lado
ese loco pensamiento. Ese que me ataca cuando creo ver “más allá de lo evidente”.
Eso lejano, que se vuelve cercano.
Tan cercano que puedo vivirlo,
verlo,
escucharlo.
A veces las historias que me invento al ver los stickers de
las familias “mamá, papá, hijo con pelotita, hija con muñeca y hasta perrito”
pegadas en las partes traseras de los carros, son reales.
A veces los finales felices con historias tristes que vi en
mi mente, llegan sin avisar.
A veces no creemos que “pronto” llegará el momento de llorar,
pero llega.
En el momento menos oportuno, llega.
A veces, cuando creemos haberlo vivido todo, nos despertamos
un 27 de marzo y nos damos cuenta que hace mucho perdimos lo importante.
Y entendemos que todos los 27, un angelito más sube al
cielo.
Solo cuando creemos que vemos algo más allá de lo evidente.
Y logramos verlo de verdad.
Quiero pensar que
siempre, después de una tormenta, viene la calma.
Creo que hoy tuve un sueño feo. No sé si soñé con alguien a quien no quiero recordar #locadelpiso12 o si soñé con alguna situación que no quiero volver a vivir. Pero me desperté odiando a todo el mundo. Tanto así que salí a caminar con Lalo a las 5:40 am como siempre, desde que ya no voy al gimnasio porque se me acabó la plata, y ni le dije "a". Es más, al regreso corrí de la nada dejándolo atrás y llegué a la casa como 10 minutos antes. Y sigo molesta.
Hace días vengo tratando de descubrir la razón por la que todos los domingos me pongo triste y creo que la encontré. No podía ser el trabajo porque me gusta lo que hago, puede que el estrés del día a día me agoten un poco pero para eso están las noches de relajo que ayudan a liberar un poco todas las tensiones. No podía ser tampoco la nostalgia porque se sentía diferente. Menos la idea de tener algo que cumplir a rigor porque vengo trabajando en eso. No sabía qué podía ser pero me estaba afectando. Y mucho.
El lunes no pude llegar al cumpleaños de Claudia, pues salí de la oficina y me demoré unos 120 minutos aproximadamente en llegar a la casa. De ahí serían unos 120 minutos más hasta su casa, lo cual sería imposible de hacer porque llegaría a las 12 de la noche más o menos. El martes no llegué a ver mi serie de siempre porque al salir de la oficina me demoré 20 minutos en llegar a la esquina (en donde volteo para arrancar los casi 100 minutos hasta la casa). Ya eran 20 minutos para avanzar una cuadra y no serían 130 hasta la casa, sino casi 150 y sin exagerar. Una desgracia total.
No puedo quedarme más de 10 minutos, antes de salir por las mañanas, conversando con mi mami tirada en su cama porque si salgo un minuto después, la cuadra y media para entrar a Angamos (que normalmente me debería tomar 3 minutos), se convierten en casi 15 cuadras por la fila de carros que esperan voltear.
Lo intentado todo:
- Pintarme en el carro
- Despintarme y volverme a pintar
- Limarme las uñas
- Depilarme las cejas
- Leer Publimetro (ahora)
- Antes incluso llenaba los crucigramas de Peru21 (cuando no había Publimetro)
- Llamar a Rochi, Lu, amigas que no veo hace mucho, a las que veo siempre
- Escuchar música
- Comprarme nueva música
- Hasta tu CD de "sonidos de la naturaleza" esperando que tenga mensajes subliminales
- Mensajitos por Blackberry
- Mensajitos de voz por Blackberry
- Hacer listado de pendientes
- Respirar como haciendo yoga
TODO LO QUE PUEDAS IMAGINAR EN EL MUNDO
... y nada...
Descubrí que me deprime perder casi 3 horas de mis días en el carro. Y sin ser taxista, siquiera ellos ganan plata estando parados en el tráfico.
Yo no.
Y date cuenta, ya no estoy enfurecida ni echando chispas por los ineptos que manejas como una vieja de 90 años. Me provoca reventarlos a puñetes sí, pero ya ni ganas de pelearme en la mente me quedan.
Me cansé...
Estoy pensando seriamente en regalar mi carro.
Nunca tanto, pero en serio qué otra forma de ir a trabajar me queda.
Taxi: mucha plata
Bici: muy lejos
A pata: peor
Combi: llego mañana
Mudarme: next
... estoy condenada al calvario...
Lo único que me gustó de llegar hora y media después del infierno a la oficina, fue escuchar esta canción. Que me tiene un poco loca porque sé que la escuché en otro lugar y no puedo acordarme. Y como soy un poco obsesiva, no pararé hasta saber donde demonios la escuché! Una película? Serie? Algo así tiene que ser...
Pero bueno...
Por lo menos descubrí lo que me tiene medio cojuda estos días.
Hora de tomar una buena desahuevina...
* Si saben: dónde aparece la canción o cómo tomar desahuevina, me avisan???