Cuando me imagino en día en que mi mami y tú se casaron, siento como si hubiera estado presente. En algún lugar de esa iglesia en el norte, en el mes que todo parece ser fiesta y felicidad. Diciembre.
Donde no hace mucho calor y tampoco frío.
Donde la lluvia no moja pero sí refresca.
Donde las hojas no caen sino cambian de color.
Como si todo el mundo se preparara para un nuevo comienzo. Un nuevo año.
Estuve viendo como todos llegaban uniformados. Con las condecoraciones en el saco y los quepis o cristinas en la cabeza. Siempre con la alita dorada, esa que se me quedó grabada con la cancioncita que me enseñaron desde chiquita:
una chica a un cadete,
le pidió,
qué le pidió?
le pidió su alita dorada
de su cristina
y el de la dio...
Lo demás, no me acuerdo por dos razones: o no me quisiste decir cómo terminaba la canción para que no le pida la alita dorada a nadie o porque le cambiaste la letra a algo gracioso y como no te acordabas de la verdadera "te olvidaste" qué seguía.
Veía entrar una a uno cada vez más uniformados. Azules, blancos... todos con el mismo porte. Tan parecidos a ti de espaldas, como las fotos que he visto más de mil veces y seguiría viendo sin cansarme. Obvio que la novia sería el punto de atención, que por cierto estaba preciosa "la castorsina" como le hubieras dicho con un abrazo fuerte y el golpecito respectivo en la cabeza. Pero era inevitable que no pensara en ti. Cuando te ponías de azul. Con tus condecoraciones bien puestas. Las mismas que ahora ocupan un lugar especial en una pared de la casa. Luciéndose como trofeos.
Escuchaba la misa, pero no dejaba de pensar en EL momento. Ese preciso instante en que la alfombra roja se pinta de azul y plateado con las espadas de los que se paran uno en frente del otro para cruzarlas formando un "túnel" y hacen "clin clin" al momento que los novios "nuevos esposos" pasan por debajo. Un momento especial.
- Mami y cuando ustedes se casaron, el cruce de espadas fue igualito?
- Uy... cuando me casé con tu papá la fila de amigos que cruzaban espadas daba hasta la calle. Hasta afuera de la iglesia.
- Tanto así?
- Claro. Vinieron de todas las provincias porque nadie creía que "la polvorita" se casaba.
- Pero tan difícil de creer era? Por qué?
- Shhhh, habla bajo que el padre se va a molestar hija!
- Ay ya pero cuéntame!
- Es que tu papá era un bandido pues. Nadie creía que sentaría cabeza y dijeron "ver para creer". Vinieron de Arequipa, Chiclayo, Pisco, Iquitos, uy. De todas partes.
Fue demasiado imaginarme la escena.
Mi sonrisa crecía mientras imaginaba la larga fila de compañeros cruzando las espadas.
Miré al frente, y seguí escuchando la misa.
Nada cuesta viajar un poco e imaginar momentos lindos.
Momentos que nadie puede robar de la mente de los que los vivieron.
La sonrisa en su cara también se dibujaba después de aquella conversación bajita.
Ella más que nadie debe tener esos recuerdos más claros que el agua.
Porque fue su momento.
El momento en el que se inició una de las historias más genuinas de corazón que puedo haber conocido en mi vida.