Lo que hay en un rincón de mi mente

Tengo el orgullo de poder decir que la persona más importante en mi vida fue un verdadero heroe.
Un hombre que con cada palabra, me enseñó a ser lo que soy ahora.
Un hombre que por 65 años, se dedicó a vivir sus sueños y a hacerlos realidad.
Un hombre por el que yo daría la vida.
Un hombre que aunque ya no esté conmigo, en este mundo, lo está a cada minuto en mi corazón,
en mi mente, en mi alma.
Un hombre al que le dedico este blog.
Un hombre al que yo prefiero decirle papá...

9.9.13

La bailarina de cristal

Cierto día al salir de clases y llegar a casa en la puerta la esperaba la mamama con un paquete en las manos. "Llegó esta caja para ti mi niña", sostenía una especie de regalo envuelto en papel rosado que pesaba un poco más que una bolsa de arena. "¿Pero qué puede ser? Pesa mucho para ser algo tan chico no abuela?. Con una sonrisa y dándole golpecitos en la espalda entraron a la casa y al sentarse a la mesa desesperada la niña empezó a rasgar los papeles haciendo dejándolos al lado de la caja. "Que me estás haciendo un basural mi niña", cantaba la anciana.


Pero grande fue su sorpresa al ver que debajo de todos esos papeles de regalo estaba una común y sencilla caja de cartón. Ambas se miraron extrañadas y al abrir la tapa efectivamente vieron que dentro de ella había solo arena. "¿Quién me regalaría una caja de arena abuela?" y es que ni la sabia anciana podía responder la pregunta porque no sabía la respuesta. 

La niña se llevó la caja de arena a su cuarto y la contempló mucho tiempo. Antes de acostarse y al levantarse también. "¿Qué puede significar un montón de arena?", no se dejaba de preguntar qué quería decir ese extraño regalo. La abuela cada día le pedía paciencia y que se concentrara en sus tareas, que tarde o temprano descubrirían el secreto de la extraña caja. Siempre con una sonrisa en los labios. Nada era imposible para ella.


Un buen día, la niña se da cuenta que jamás miró más allá de la caja. Es decir, quiso ver algo más que arena en ese paquete, pero cómo podía verlo si ni siquiera había metido la mano para ver el tipo de arena, tal vez sería arena mágica. O algún tipo de secreto habría de esconder esa misteriosa caja. 

Metió la mano al principio con algo de temor pero lo perdió cuando agarró confianza. Nada malo podía haber dentro de ella. Sintió con la punta de los dedos algo frío, un poco duro para ser verdad, tocó un poco más arriba y parecía ir tomando forma. Era una estuatuilla. Sacó la mano asustada, pues no esperaba encontrar algo y mucho menos una especie de estatua inerte y fría. Levantó las cejas suspirando hondo e introdujo nuevamente la mano. Esta vez decidida a extraer el objeto el cual salió dejando una lluvia de arena tras ella. Era hermosa. Una bailarina de cristal que cambiaba de color dependiendo de la luz que le caiga.


La puso en su mesa de noche y la contempló por muchas horas.
Baila bailarina, baila.
Le decía la niña e increíblemente la estatuilla empezaba a dar vueltas sobre su sitio y hasta parecía escuchar una canción de fondo. Era mágica. 

La niña corrió al primer piso a ver a su abuela que hacía gelatina en la cocina, "abuela, abuela, la caja de arena sí que era mágica, saqué una bailarina hermosa que cuando recibe luz cambia de color y cuando le digo baila, baila! Y no tiene cuerda ni nada! Es mágica!", la abuela sonreía junto con su nieta, pues había descubierto el secreto más bonito de la vida. 

"Baila mi niña, baila", le dijo rozándole la mejilla con su mano arrugadita. "Ese es mi regalo para ti. La vida no solo es un montón de arena, sino es una búsqueda de un secreto que cuando es descubierto parece brillar por sí solo. Baila mi niña, baila". 

Se tomaron de las manos y empezaron a dar vueltas sobre su sitio imitando a la bailarina de cristal que seguía dando vueltas sobre su mesita de noche.
  

6.9.13

Sin razón de ser

Me agarró la mano y pude ver sus ojos llenos de nada. Así se sencillo, vacío como un jarrón viejo que ya no tiene ni color en su interior. Ojos desesperados pidiendo a gritos que la escuchen, que la entiendan aunque sea un poco. Quise decirle que quería ayudarla, pero tuve miedo. Miedo de no poder hacerlo y que todo empeore. Pero lo intenté. 

"Solo pido un día de recuerdos profundos y de paz interior. ¿Eso es difícil? No entiendo cuándo fue que me perdí y dejé de ser yo. Cierro los ojos y trato de encontrar ese punto de partida, o mejor de llegada a esa etapa que se quemó en el tiempo. Quiero volver, volver ahí y empezar a ser yo misma una vez más. Y es que realmente, a veces no me encuentro, y no se quién es esa que me mira en el espejo. Una extraña total me invadió y puso en gris todo el color que tenía mi vida. ¿Qué fue lo que pasó? Yo no lo recuerdo. Yo no soy mala, yo no merezco esto". 

Soltó mi mano y se fue caminando por donde la encontré. Vestida con los mismo trapos que hace unas semanas pero un poco más gastados. El tiempo no perdona.

No sé si cumplió sus deseos o si tal vez la vida se le escapó de las manos así como así. Pero lo que sí sé es que ella también tenía sueños y un mal día esos sueños dejaron de existir. 

Desde ese día tengo ganas de sentarme a escribir sin parar. Escribir todo lo que tengo en la mente incluyendo esas historias que nunca conté, todo lo que quiero lograr en mi vida aún así sean imposibles, quiero escribirlo todo en un papel (creyendo que es mágico) y en cuando lo doble a la mitad, luego en cuatro, en seis, y en ocho, y así hasta que sea tan chiquitito como un granito de arena. Así, podría volar con el viento y ser libre como él mismo. Para cumplirse, cuando tenga que cumplirse.

Mientras tanto...
A seguir soñando.


4.9.13

Regateo del bueno

Necesito un respiro mental que me haga sonreír mirando al vacío...

Hace unos años, cuando trabajaba en el corazón de Miraflores, sigo trabajando en Miraflores pero un poco más en el pulmón que en el corazón, todos los días luchaba con estacionarme. Pues no es fácil encontrar lugar libre en Parque Kennedy. Tenía que llegar una hora antes para no tener problema y estar tranquila, con el carro bien chequeado y al frente de la oficina por si las moscas.



A la hora de almuerzo, siempre me quedaba en el comedor y calentaba mi lonchera como hasta hoy, pero, así como hoy también, existían días en que las excepciones a la regla no estaban demás, los engreimientos y las saliditas en grupo a veces los restaurantes más cercanos (que son muchísimos) nos albergaban durante una hora y media.

Acostumbrábamos salir por el mismo parque, y cuando queríamos relajarnos aún más para desconectarnos del minute by minute del día chapábamos un taxi y nos íbamos a Larcomar. Digo "os" y uso el plural porque en ese trabajo fue donde conocí a Mónica, quien ahora es parte de mi familia como ya comenté hace algún tiempo en un post loco. Esa época fue genial, no habían días grises, todo era alegría y felicidad, eramos jóvenes y bellas. Aún seguimos siendo bellas pero jóvenes no tanto... qué dura es la vida!

¿Por qué no ahorrábamos tiempo y dinero yendo en mi carro? Porque simplemente me robaban el sitio ni bien sacaba el carro de mi lugarcito que con tanto trabajo conseguía cada día. No había manera humana que sacara el carro de ahí salvo que haya sido para irme a mi casa. No señor. 

Teníamos ya una tarifa planteada:
- Ya bueno, nadie nos lleva por 7 ni por 8. Pedimos 6 y ya está.
- O sea 12 en total con ida y vuelta.
- Afirma gorgojo (a.k.a Marité)
- Correcto Muy-Muy (a.k.a Mónica)Ah ok, 



Ese era el trato, siempre una pagaba el de ida, y la otra el de vuelta. Siempre con seis soles en efectivo (pague con sencillo) para ahorrar tiempo y también el típico "no tengo cambio señorita". 

Así pues, cada vez que un taxista nos decía "las llevo por 7 soles señorita", nosotros le preguntábamos con mirada y voz inocente, "¿seis?" para escuchar luego "vamos", o simplemente una movida de cabeza hacia arriba y abajo acompañada de una mano invitándonos a subir.

Y así la conversación siempre era en 3 tiempos:
- Señor, al Parque Kennedy?
- ¿Siete soles?
- ¿Seis?

Siempre la misma pregunta, tras pregunta. Nunca fallaba la regateada.

Cierto día, se nos pasó la hora con roche. Ya eran las tres de la tarde y hacía media debíamos estar sentadas en la oficina. Nos paramos apresuradas de la mesa y corrimos hacia el paradero de taxis. Como Murphy es tan exquisito, justo ese día NO PASABA NI UN SOLO TAXI. Cuando los días que no los necesitamos ABUNDAN en la calle, y justo el día que mataría por uno solo aunque sea un triciclo, NO APARECE NI UNO. Esperamos unos minutos y vimos un carrito amarillo que bajaba la velocidad al acercarse más a nosotras...

- A dónde las llevo señorita?
- Hola señor aquí nomas, al parque Kennedy (nótese el nomas).
- Ok, mmmmm 

La estaba pensando mucho y solo tenía los ya acordados seis soles en el bolsillo.
...
El tiempo corría y ya Mónica estaba buscando un nuevo taxi.
...
La seguía pensando.

- Señor es acá nomas!!!
- Ok, ¿cinco soles?
A lo que respondo sin pensar.
- ¿Seis?

Estallamos de risa a lo que él agregó muy acertado "bueno, no me opongo señorita". Simplemente, me hizo el día y la tardanza ya estaba justificada. Una sonrisa en un agitado día no cuesta cinco ni seis soles. Cuesta mucho más.

2.9.13

Dulce y Amargo Septiembre

Increíblemente empieza septiembre...
Un mes de sentimientos encontrados.
Celebraciones felices y otras no tanto.
Semanas de tranquilidad pero otras de locura total.
Días en los que recordamos y otros que queremos olvidar.
Momentos para reír, y otros para mirar con nostalgia.

Es un mes en el que los antónimos toman el protagonismo.
El blanco y el negro.
El oscuro y el claro.
El feliz y el triste.
El alto y el bajo.
El sí y el no.
El ayer y el mañana.
El dulce y el amargo.
La vida y la muerte.

Un mes lleno de detalles por donde sea que lo veamos. 
Un mes para enmarcar.
Un mes para soñar.
Un mes en el que se cumplen años.
Años de haber llegado al mundo, y haberlo dejado también.


El heroe de mi vida