Tengo un problema un poco gracioso, las medias se me salen en las noches y cuando casi casi me congelo de frío me despierto a buscarlas. Levanto las sábanas, me paro y busco y busco a los pies de la cama, debajo de mi almohada (sí, me ha pasado), despierto a Lalo para que me ayude, y finalmente abro mi cajón para ponerme unas nuevas. He llegado a una conclusión: mis medias desaparecen en la noche.
Desde chiquita mi problema fue ese. Misteriosamente mis medias se salían de mis pies mientras dormía, sea de un solo pie o de los dos. Por un tiempo creí haber encontrado la solución: medias hasta la rodilla que impedían que pase el frío y a la vez, no se me salían en toda la noche. Pero luego, encontraron la forma y empezaron a hacer lo mismo. Como si tuvieran vida propia. Éstas, al ser mucho más grandes eran fácilmente de ubicar. Así es que cuando las buscaba bajo las sábanas ahí estaban, enrolladas como un bollito en un rincón o tiradas entre la tarima de la cama y el piso. A veces seguramente se arrastraban por el colchón y llegaban a ponerse en mi almohada y al pararme a buscarlas ahí las veía.
Algunos días me levanto con alergia, sobre todo en invierno, no es que la ventana esté abierta ni tampoco que yo duerma destapada, es que al dormir sin medias, las noches frías me molestan de esa manera. Con estornudos y nariz tapa a la mañana siguiente.
Hoy ese problema se hace más molestoso, porque al tener la panza más grande ya no soy tan ágil mientras duermo boca arriba como para incorporarme y bucear bajo las sábanas. Ahora, debo impulsarme de lado con una mano y el codo para poder sentarme y ahí levantarme. Alzar las sábanas y echar un rápido vistazo. Ahora, todo es más complejo. Por eso he empezado a dormir con un par de medias de repuesto en mi mesita de noche.
Ahora, cada vez que en mi cajón solo encuentro una media sin su par, siento cólera y guardo un minuto de silencio por mi media perdida.