Lo que hay en un rincón de mi mente

Tengo el orgullo de poder decir que la persona más importante en mi vida fue un verdadero heroe.
Un hombre que con cada palabra, me enseñó a ser lo que soy ahora.
Un hombre que por 65 años, se dedicó a vivir sus sueños y a hacerlos realidad.
Un hombre por el que yo daría la vida.
Un hombre que aunque ya no esté conmigo, en este mundo, lo está a cada minuto en mi corazón,
en mi mente, en mi alma.
Un hombre al que le dedico este blog.
Un hombre al que yo prefiero decirle papá...

10.9.12

¿Futuro?

Hablando de terremotos... hace unos días vengo pensando en ese GRAN TERREMOTO que todos esperan. La verdad, no entiendo cuál es el afán de la gente, está bien prevenir y educar, pero alarmar y sembrar el pánico, ¿¿¿para qué??? Ahora los ojos y los dedos acusadores están puestos en el viernes 21 de septiembre. 

¡Qué tiene la gente! 
¿No pueden dejar en paz este mes que es especial?

Primero fue el 20 de marzo, un mega-cataclismo acabaría con miles de vidas y dejaría en ruinas muchas ciudades; luego vino el 21 de mayo (mi cumpleaños) y sus pronósticos del fin de los tiempos; y por si no fuera poco las rusas pastrulas siguen con sus conversaciones marcianas que les chismean que se viene el "segundo" mega-cataclismo, el que viene antes del megaarchirecontrasuperultra-cataclismo que sería el 21 de diciembre. ¿Qué onda con los 21?

¿Y alguien les cree después de las mentiras?
No lo sé! Pero siembran el bicho de la incertidumbre!

Sí, yo en el fondo debo confesar que algo de miedo tengo. No digo que me crea todo lo que dicen, pero sí lo pienso. 

Pienso en el qué pasa si... 
En el qué haría si se destruye mi casa...
¿Y si estoy en la oficina?
Me regreso caminando o espero a Lalo...
Cómo saberlo si las líneas se caen y no hay forma de comunicarse...
¿Y si pasa algo con la gente que quiero?
No me quiero quedar sola en el mundo...
¿Y si la tierra se abre?
Me puedo quedar a un lado, pero me puedo caer también.
¿Y si estoy adentro de la tierra y se cierra de nuevo?
En el terremoto de Japón la tierra se abría y cerraba como puerta de ascensor.
Mejor que si pasa, sea en la noche para estar juntos.
Pero cuando uno está dormido se vuelve medio torpe.
¿Y si estoy en la ducha?
Ahí sí que no la cuento porque llegar al primer piso en toalla y mojada es más difícil.
¡YA CALLATE CARAJO! 
¡Me provoca jalarme los pelos y tirarme un cachetadón por mongaza! 

¡¡¡Qué me pasa!!! Por algo me dejaste "entrenada" y confiaste en mí para irme a Pisco a los 3 días del terremoto del 2007 para ayudar además de trabajar. Aunque esa es historia para otro post completo porque fue una TRAVESÍA y tú, a pesar de la distancia te encargaste de cuidar cada uno de mis pasos con tus artilugios y contactos. Fue una experiencia demasiado extrema, están las ganas de ayudar por un lado, la impotencia de no poder hacer más por el otro y el miedo constante a que una réplica sorprendiera en cualquier momento. Llegar con 40 de fiebre a la casa para engreírme en los brazos de mi mami y en los tuyos fue lo mejor de esa terrible vivencia. 

Es vergonzoso, pero tengo que aceptar que tengo miedo. No porque me pase algo, porque no le tengo miedo a la muerte, pero sí al "cómo", al "qué pasará mientras pase". Temo a lo que les pueda pasar a "ellos", mi mami, Lalo, mi abue, mi Bruni, David, Karina, Eduardo, Dani, Maki... Lissy está en Estados Unidos así que el 21 de Septiembre no estará por acá pero igual pienso en ella y en mis sobris. No sé qué haría si les pasa algo. Creo que de verdad no podría soportar otro capítulo como el que viví hace casi 4 años. De terror...

El miedo se apodera de mí cuando ladran los perros.
Cuando el viento sopla muy fuerte.
Cuando leo estupideces que envenenan el alma.
Cuando pienso...
Cuando imagino...
Cuando pregunto...

Mejor cierro el pico y no pregunto más. Si pasa, pasará, pero solo espero que ya no inunden más las redes con predicciones que no hacen más que poner al mundo entero a temblar.

Mejor me zampo mis flores de Bach (esta semana me han recetado: miedo), espero que lo combata al menos en algo.

 

7.9.12

Anita y Enriqueta

Esta semana Costa Rica se vio afectada por un violento terremoto que ocasionó alerta de tsunami en casi todas las costas de latino américa y el caribe. A pesar de levantarse esta alerta y cancelar la amenaza no podía dejar de darle "f5" a la página de El Comercio para enterarme de cada detalle. Lamentablemente fallecieron 2 personas, pero queda el alivio que pudieron ser muchos más los afectados. Felizmente, es un país que parece tener reacciones buenas y de manera ordenada. Pudo ser peor.

Todo esto me llevó a pensar en el terremoto del 70', en el cual tuviste que ir a la zona afectada y ayudar a los damnificados llevando donativos y apoyando en todo lo que era humanamente posible. Recuerdo el día en que me contaste que casi vuelves a Lima con una niñita de la mano...

Era chiquita, tendría más o menos unos 3 años y había perdido a sus papás y hermanitos. Estaba sola en un mundo que para ella estuvo a punto de terminar. Llena de polvo y con la ropita un poco raída caminaba lento al lado de Enriqueta, su gallina. La llevaba del cuello, amarrada con una soga un tanto deshilachada, ella era lo único que le quedaba de "familia". Estaba entre un grupo de sobrevivientes que fueron conducidos a Chimbote, lugar en donde se instalaron los cuerpos de paz con carpas, instrumentos de primeros auxilios y alimentos enlatados. Todo era medido, el agua escasa y la ayuda inmensa, cada granito que una persona pudiera aportar era bienvenido. El grupo de damnificados llegó y al querer atenderlos la niñita se prendió de tu mano, fuertemente te apretó el dedo pulgar y miraste hacia abajo. Indefensa, débil y con los ojitos llorosos la miraste y sin decirle nada solo le agarraste la cabecita. No fue necesario que se digan nada, ella confiaría en ti y tú serías su protección. Días de espera vendrían para poder ser dirigidos a Chiclayo y poder buscarles una nueva vida a todas las personas que lograron ver el día después de esa violenta pesadilla.


Fue tu hijita incluso antes de haberte casado con mi mami, te veía como su papá, pues te encargaste de buscar todo para que esté tranquila y contenta: la limpiaste el primer día que se encontraron y le encontraste ropita nueva para que no tenga frío, a partir de ese día una linda relación empezaría a florecer. A la mañana siguiente, muy tempranito te levantaste sin hacer bulla y pasaste despacio para no despertarla, a ella ni a los demás que dormían apilados en la carpa, era necesario encontrar algo para que pueda tomar su leche. Una niñita de 3 años tiene alimentarse de la manera correcta porque de eso depende el resto de su vida. Una botella de gaseosa hizo de envase de biberón, el chupón sería lo difícil, pero entre los donativos encontraste una tetina que haría el match perfecto con ese envase de plástico. Luego del desayuno diario salían a pasear y le pedías que te esperara jugando con Enriqueta hasta que tú volvieras a la hora de almuerzo, seguro en la tarde era la mejor hora, pues jugaban a la pelota y a perseguir por todas partes a Enriqueta que por unos momentos era liberada de esa soga apretada al cuello. Aunque no era tan divertida como un perrito pero era su mascota al final. 

Días después llegarían de pasear para encontrarte con tus compañeros preparando una rica sopa la que les invitaron a los dos con todo gusto. Después de hacerla dormir te enteraste que eso que se tomaron estaba hecho nada más y nada menos que de la misma Enriqueta. Entiendo el tiempo difícil, el hambre que podían tener y la escasez de alimentos... pero ¿comerse a Enriqueta?, en el momento que me contaste detrás de tu sonrisa se ocultaba una penita inexplicable, no lo puedes negar. Felizmente lograste encontrar un peluche que reemplazó a Enriqueta sin problema. Tus amigos te pidieron disculpas, pero por obvias razones, los entendiste. Tú también disfrutaste ese caldo de Enriqueta.

Así pasarían días, semanas, hasta completar el mes de convivencia con la pequeña. Nunca supiste su nombre, pero tenía cara de Ana, para ti fue Anita, con cariño. Llegó el día de separarse, ella tendría que ir a Chiclayo a esperar por su nuevo hogar, su nueva familia. Pues a pesar de tus intentos por convencer a mi Abuelita para que la adoptara ella ya había criado a tres hijos que ahora estaban hechos y derechos, su labor de madre ya había culminado y no podría darle la vida que una niñita merecía, "los años pasan y también pesan", te dijo. Y tú, pues eras soltero y aun no conocías siquiera a mi mami, no podrías tenerla como hijita, por más que quisieras. 

El día en que su manito dejó de apretarte el dedo pulgar para subirse al avión de la mano de su nuevo peluche marcó tu corazón. Me lo dijeron tus ojos brillositos y tu sonrisa al contarme esta linda historia. Por más que no lograste colocar tú mismo en una linda familia a Anita, estoy segura que ahora es una mujer de bien gracias a ti. Gracias a su ángel de la guarda que la encontró el día que su mundo casi casi se termina.

Una vez más me doy cuenta que no solo te convertiste en un héroe el día que te fuiste al cielo, sino lo fuiste incluso cuando caminabas en esta tierra.


   

5.9.12

¿Tú mordiste el pan?

Llegamos a la casa después de haber estado todo el día afuera, entre caminatas mañaneras por todo Lima con las ganas aún vivas de hacer el rico deporte que tanto te gustaba, y almuerzos domingueros, se fue el día como jugando.

MA: ¿Qué hacemos? ¿Vemos una pela?
MI: Mmmmm mejor dormimos un ratito.
MA: Ya conozco eso de "dormimos un ratito", después nos vamos de corrido hasta mañana ¿y? Se nos fue el domingo. Acuérdate que odio los domingos, son tristes!
MI: No enana, nos despertamos en una horita nomás.
MA: No, tu duerme si quieres, como siempre yo me aburro.
MI: Te vas a enfermar tú. Eres puro estrés y nada de descanso.
MA: Así me quieres...

Se dio la vuelta para caminar en dirección al baño, no sin antes decirme con dulce voz: ¿me preparas un pancito? Y aunque hacía solo unas horas terminamos de almorzar, no me pude resistir. Me dirigí hacia la bolsa del pan y saqué uno, un poco aguadito por no estar "recién salido del horno", y lo puse en un plato. 

Saqué el cuchillo para abrirlo y poder prepararlo con algún rellenito para que no sea "pan con soledad", lo abrí (lo cuento a detalle porque es realmente increíble lo que pasó luego), y lo dejé en un plato para poder buscar el "relleno en la refri". Al abrirla me di cuenta que no había nada de nada, sólo algunos quesos que Lalo odia, así que saqué la mantequilla, esa nunca tiene pierde. No tenía muchas ganas de hacer huevo ni ensuciar más con mermelada, así que la ganadora fue la incondicional amarillita. Agarré el pan para prepararlo al toque y se la puse en cada una de las tapas, luego lo cerré y lo volví a poner en plato. 

Entró mi mami a la cocina y se llevó a Bruno a pasear mientras yo pensaba que algo faltaba para acompañar el pancito.   

Me di la vuelta para prepararle una taza de café con leche haciendo el mismo ritual con la misma minuciosidad para que todo salga rico: 
1) taza
2) azucar 
3) café
4) chocolate 
5) un chorrito de agua caliente. 
Solo un chorrito para empezar a batirlo fuerte fuerte hasta que se haga una pastita marrón, para luego echarle más agua y un poco de leche para darle el toque final. Todo estaba listo, así que cogí la taza con la cuchara para llevarla a la mesa donde estaba el pan.

En ese momento entró mi mami con Bruno y me pregunta mientras yo caminaba a la mesa: ¿qué, no está lleno del almuerzo? No pude responder con otra cosa más que: "Ah! Mami ¿por qué muerdes el pan? Era para Lalo, si quieres te hago uno". La cara con la que me miró, me demostró que ella no había mordido ningún pan, pero estaba perfectamente mordido.

Salí de la cocina como loca con el pan en la mano batiéndolo de arriba a abajo, llamé a Lalo, quien aún seguía en el baño, para preguntarle si había sido alguna de sus bromas. Pensé que tal vez pudo haberse metido despacito a la cocina, mientras yo preparaba de espaldas el café, morder el pan e irse sin más. Pero no fue así. 

¿Quién más estaba en la casa? Solo nosotros, mi abuelita y Bruno. Mi abue estaba en su cuarto en el segundo piso, no había manera, la tele-transportación no era una opción y haber mordido el pan de forma telepática tampoco, y Bruno, pues no era una mordida con forma de hocico, era una BOCA, y lo puedo jurar! 

Creo que no pudiste resistirte a mis ricos panes misios y estás haciendo de las tuyas más que nunca este mes; tú mes!

O bueno, tenemos duendes en la casa y no nos hemos dado cuenta...

Prefiero quedarme con la primera opción. 
Siempre se siente lindo cuando te sentimos aun presente.




3.9.12

Mes especial

Dicen que todas las personas que vienen al mundo en el mismo mes que se van al cielo, están bendecidas y tienen un pase bajo el brazo que dice "directo al cielo". Soy de las que toma este enunciado como verdadero y sin pensarlo 2 veces. 

Por eso, septiembre es un mes especial para mí y para todos los que aquí te recordamos. Es el mes en el que mis abuelitos lloraron emocionados por tener a su primer hombrecito y te dieron la bienvenida a este extraño pero precioso mundo. Digo extraño porque a pesar de tener mil maravillas tiene cosas que ni los locos entendemos -me incluyo en el fajo de locos que nadie comprende por pensar, valga la redundancia, en puras locuras- y que de alguna u otra forma nos llama la atención, queramos o no: como las ganas de irse tan rápido que tiene el "tiempo" hoy en día, el sol que se va a lugares inhóspitos en fechas irracionales en el calendario, las acciones inexplicables de algunos seres humanos que no tienen ni pies ni cabeza, los trabes, cabes, aterrizajes de emergencia, y paraguas que no abren en el momento preciso, solo por nombrar algunas "pequeñas" fallitas mundiales. Y bueno, extraño al fin pero fue el mundo que te abrió las puertas a muchas oportunidades, aventuras y vivencias al lado de nosotros. Fue el lugar en el que soñaste y no solo lo dejaste en simple sueño, sino lo volviste realidad. Y ese es el lado bello de este asunto llamado mundo.  

Además, septiembre es especial porque es el mes en el que decidiste viajar un poquito lejos dejando atrás ilusiones que son solo poquitos sueños no cumplidos (porque todo lo que te proponías se hacía real), logros (aunque también te los llevaste marcados en el pecho), tus costumbres y tus amores. 

A solo dos semanas de cumplir años te fuiste. 
Sin pensarlo, te fuiste.
Y lo más duro es que nunca te despediste.
Solo un beso en la frente y una risa por mi reniego a regañadientes por haberme despertado.

Este mes es especial por donde sea que lo miremos. Así que agárrate septiembre, que vienen días cargados de lindos recuerdos.

El heroe de mi vida