El santito que me regalaste hace mucho tiempo y puse de cabeza en mi closet, apareció como por arte de magia un día cualquiera de esta semana...
Era verano del año 2008 y yo aún estaba un poco movida por el "mal de amores" que pasé en diciembre. Mis ánimos habían decaído un tanto por ciento y las ganas de sonreír y salir a la calle eran casi nulas. Tú, junto a mi mami, preocupado por mí, tratabas de hacerme reír y darme ideas creativas para invertir mi tiempo y no pensar.
No hacía falta decirte lo que pensaba para que tú lo supieras, era como si me leyeras la mente y sólo me decías: vas a ver que vas a conocer a un chico y vas a ser muy feliz hijita. Para mí, incómodo pero tierno, era como escuchar a un cura hablando de pecados naturales. Siempre fuiste tan celoso con nosotras que era increíble escuchar esas palabras de tu boca. Era lo que realmente querías, que conozca un hombre que me hiciera profundamente feliz, me cuidara y esté siempre a mi lado, para cuando ya tu no estés aquí.
Mi mami, pensando en santitos que cuiden cada uno de nuestros pasos, siempre tenía el Santo correcto para cada ocasión: uno especial para cuando íbamos al doctor, para cuando Lissy y Karina estaban por dar a luz, cuando viajábamos, cuando postulábamos a un trabajo, o cuando simplemente estábamos tristes por alguna razón. En este caso, había escuchado que San Antonio de Padua era el santo de los amores.
Recuerdo que mi mami te contó y al día siguiente recorriste mar y tierra para encontrar alguna imagen de San Antonio de Padua. Cuando llegué a la casa como siempre entré a tu cuarto para saludarlos y me recibiste parado en la puerta con una sonrisa en los labios. Siempre te causaba gracias cuando me veías en mi estado habitual cuando llegaba del trabajo en esa época (cara larga por el mal humor). Te metiste la mano al bolsillo y luego de darme un besito me dijiste aún sonriente "mira hijita te compramos una estatuita de San Antonio", la miré y te pregunté por qué razón me la estaban regalando (siempre asada, me doy cólera), miraste a mi mami y te apresuraste en cortar lo que fuera que ella empezaría a decir "es que hemos visto que en tu mesita de noche tenías un santito que es muy chiquito y este es más grande. Es para que te cuide y le reces pues no?". Todo me pareció un poco extraño pero bueno, te di las gracias y lo puse en mi mesita de noche.
Esa noche, cuando estaba a punto de dormirme, puse la cabeza en la almohada y volteé ligeramente a la izquierda. Una rendija de entre las persianas iluminaba directamente al santito como si se tratara de una especie de actor principal en un escenario. Me paré de un brinco y prendí la computadora. Google me diría qué de diferente tenía este santo.
"En Portugal, Brasil, España, Perú y algunas otras partes de Hispanoamérica es reconocido como el santo de los matrimonios y el día de su fiesta (el 13 de junio) las chicas solteras tienen la costumbre de comprar una pequeña imagen de San Antonio y colocarla al revés como castigo hasta que hayan encontrado un buen marido".
¿¿¿Marido??? Acababa de salir de una relación de 6 años y lo que menos quería era un marido! Era extrañísimo que tú, el papá más celoso de la promoción del colegio, el que no me dejaba ir al cine con un amigo ni cuando estaba en quinto de media, y el que cada vez que tenía una quinceañero me esperaba en la puerta, estuviera regalándome el Santo de los matrimonios.
Sonreí y apagué la computadora. Seguro mi mami y tú no sabían la historia completa y sólo pensaron que era el Santo del amor, pues sólo querían que me volviera a enamorar...
Me tiré de nuevo a la cama y miré al techo... "¿y si de verdad me hace conocer a mi futuro esposo?". Di otro brinco y lo cogí de la mesa de noche. Prendí la luz y....
Continuará...




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