Lo que hay en un rincón de mi mente

Tengo el orgullo de poder decir que la persona más importante en mi vida fue un verdadero heroe.
Un hombre que con cada palabra, me enseñó a ser lo que soy ahora.
Un hombre que por 65 años, se dedicó a vivir sus sueños y a hacerlos realidad.
Un hombre por el que yo daría la vida.
Un hombre que aunque ya no esté conmigo, en este mundo, lo está a cada minuto en mi corazón,
en mi mente, en mi alma.
Un hombre al que le dedico este blog.
Un hombre al que yo prefiero decirle papá...

4.8.11

"Perfecto"

Entiendo que nada puede ser perfecto, y que nada de lo que parece perfecto dura mucho tiempo. Pero te imaginas lo perfecto que sería tener un día, solo uno, en el que cada hora, minuto, segundo y microsegundo que pase todo y absolutamente cada detalle sea perfecto?

Imposible!
Pero si ando con la billetera flaca y las ganas un poco lamiendo el suelo, nada pierdo soñando.

Soñar no cuesta, no cansa y no aburre. Y bueno, no necesariamente tenemos que estar dormidos para hacerlo. Hace algunos días, o noches más bien, mis ojos parecen haber decidido quedarse de par en par sin titubear en la oscuridad. Pues no quieren cerrarse por nada del mundo por lo menos hasta pasada la 1 de la mañana. Lo peor es que quien paga pato es mi cara de momia al día siguiente, y los carros que esperan que me despierte en cada semáforo rojo.

Un día perfecto es imposible, pues algo siempre irrumpe en el camino para que eso que parecía un sueño se convierta en la mera realidad.
Un lamento,
un quejido,
un problema no resuelto,
una cara triste,
una llamada de atención,
un cruce de miradas,
de palabras,
de llamadas bloqueadas,
de pensamientos perdidos,
de recuerdos hallados,
-malos quizás-
de momentos recordados,
-amargos tal vez-
de platos rotos,
de cuentas en blanco,
de pendientes complicados,
de injusticias,
de asombros,
...
Luego leo de nuevo mi lista de piedras en el camino y me digo a mí misma "felizmente ahora no es todo perfecto, porque así aprendes y  te das cuenta una y otra vez por si lo has olvidado, que la vida no es fácil y si uno se cae, se agarra de lo que pueda y se levanta. Esa es la única manera de crecer".

Después de eso miro al frente y veo el largo camino que me falta por recorrer y me siento bien. Porque si no fue perfecto, mejor. Si me la ponen fácil, me acostumbro. Y lo peor de todo es volverse una persona con complejo de camarón dormido... sin hacer nada y simplemente ir con la corriente.

Quisiera tantas cosas que podrían hacerme sentir capaz de tener un día perfecto, que estoy segura que si mañana me levanto con esas ganas, lo será. Pero nunca será completamente perfecto, porque lamentablemente, el único mal, problema o metida de para que no tiene solución, la conocemos bien.

Y el mejor de mis deseos, tal vez el único que haría cualquiera de mis días uno perfecto, es tenerte a mi lado para verte,
hablarte,
darte la mano y sentirla suavecita,
reírme contigo,
presentarte a Lalo,
hablar contigo,
mirarte... y grabarte por última vez en la "vida".

Por eso sé que no tendré nunca un día perfecto. Pero al menos lo intento.
Y aunque no mucho lo noten, lucho mucho con mi entorno día a día.
Eso, por las noches, me obliga a respirar profundo y decir: gracias.
Gracias por no hacer de este un día perfecto y permitirme ser cada vez un poco más fuerte.

3.8.11

Periodo de cambios


Cambié muchas cosas en mi vida de la noche a la mañana y otras tantas en periodos un poco más largos. Más "acostumbrables" si los podría llamar de alguna manera.

Cambié el color de mi cuarto cuando lo necesité.
El aire se respiraba diferente y hasta pensaba estar en un nuevo lugar, ese cambio me gustó y fue bueno.
Un cambio en el que tus palabras de ánimo y ganas de arriesgarlo todo por un color o mezcla peligrosa fueron los golpecitos que merecía para lanzarme.

Cambié de carro cuando me sentí capaz de hacerlo.
Tal vez no me animé por el mecánico, pero una versión más nueva de mi viejo Hipólito me ayudó a salir de ese pequeño hoyuelo en el que caí un tiempo atrás.
Ese, fue también un buen cambio y fuiste uno de los principales gestores.
Uno de los que me ayudó a dar el salto.

Cambié de trabajos, muchas veces cambié de trabajos y fue difícil al comienzo.
Pero como uno no aprende sin caerse, tuve tropezones y grandes chinchones con moretones incluidos que me hacen ser lo que soy ahora.
Esos cambios fueron buenos. Cada uno a su manera con un consejo diferente tuyo. Algunos los tomaba con amargura, otros con temor, pero en el fondo, sabía que eran los más acertados.

Aprendí que sola, se consigue mucho y si le das la mano a las oportunidades éstas nunca te darán la espalda.
 
Cambié de look.
De color de pelo.
Tamaño y estado.
Nunca tan lacio y nunca tan ruloso.

Cambié de color de piel en verano.
Volví a mi blancura en invierno.
Para luego volver al bronceado en enero.
Siempre con mi bloqueador de 100 después de la sancochada del 99'.

Cambié de ropa cuando entró el invierno.
Guardé los politos y falditas.
Las sandalias quedaron en cajas y las botas ocupaban el mayor espacio.
Siempre pensando en unos meses cambiarán lugares de nuevo.

Cambié de amigos.
(Manteniendo los buenos y reclutando nuevos mejores).
Los que me hacían sufrir por lo que me obligan a sonreír.
Por los que realmente valen un corazón entero.

Cambié el colegio por la universidad.
La universidad por el trabajo.
La soltería por el compromiso...
y muy pronto el compromiso por el matrimonio.

Cambié de forma de vivir,
sabiendo que seguirá cambiando.
Nuevos retos,
metas,
objetivos,
"mordidas de lengua",
tragadas de saliva incómodas,
pérdidas...
ganancias...
Todo seguirá como siempre...

En un continuo cambio que nunca parará.
Siempre con soluciones visibles sin salidas tapeadas.

Estoy acostumbrada a eso.
A que el cambio está a la vuelta de la esquina.
No por nada cambié mi cama, mi cuarto y mi manera de tener un papá.
...de la noche a la mañana todo cambió...
Siempre dispuesta.
Ahora alerta.
Siempre con confianza.
Aun más que antes.
Siempre cambiando.
Sin olvidarme lo que realmente soy...
ni de donde vengo...

2.8.11

A los 7

A veces cuando manejo con ganas de meter a medio Lima a la misma cárcel, aprovecho los semáforos rojos para cerrar los ojos y recostar mi cabeza en el respaldar del asiento por solo unos minutos. Aunque sea por unos minutos siempre y cuando el sueño no me domine. Porque si es así, no puedo permitir que los ojos lleguen a pegarse completamente. No quiero viejas tocándome la bocina como locas poseídas y me despierten de mi rico sueño. La más conchuda...
Pero el punto es que esos semáforos me llevan un poco más allá.
Me llevan a tocar pensamientos, que el día a día y el correr de las manecillas del reloj no dejan que sean procesados como tales: como pensamiento valiosos no conocidos por la parte consciente de mi mente. O al menos la que creo consciente.
Así es como hoy quise retroceder unos 20 años en el tiempo y volver a tener 7 años...

Las preocupaciones a lo mucho eran las peleas por una barbie, con las amigas de por la casa. O puede que la mentira que tuve que decirle a mi mami para que no castigue a Pecas por alguna travesura en la casa. No pasaba un solo día con carcajadas ausentes. En esos tiempos no habían vacaciones para ellas. Todo era tan lindo. Tan perfecto.

Las angustias máximas solo aparecían cuando llegaba el domingo porque se acababa el fin de semana. Y bueno, ni qué decir de las veces que nos regresábamos de la casa de mi tía Mary de noche y no quería pasar por la Costa Verde ni dormida. Era mi pesadilla. Muchas veces fue el escenario perfecto para despertarme a las 4:00 de la mañana llorando por pensar que el sueño de no poder cruzar la pista llena de agua era casi real.

El miedo más grande era pensar en que mi mami podía tener un hijo más (y no miedo porque me destronaría y quitaría el título de "conchito de la familia"), no, no era esa la razón. La verdad era que desde chiquita me enteré que la mamá de una amiga del colegio falleció cuando nació su hermanita. Qué terrible. Cuando lo pienso aun siento esa sensación tan fea de temor. Es raro, pero jamás pensé que podía pasarte algo a ti. Para mí eras casi inmortal, y mi mami frágil como una rosita. Y vaya que la vida da sorpresas.

Volví en mi mente a los 7 años cuando no llegaba a los pedales del carro y tú, sentándome en tus piernas hacías que coja el timón del carro y maneje. Recuerdo que no entendía cómo era posible si no llegaba a los pedales. Luego, me di cuenta que tú siempre estuviste ahí para ayudarme. 
Acelerando...
Frenando...
Siempre dejando que dirija mi vida hacia la izquierda, derecha o de frente. 
Pero diciéndome cuándo acelerar...
y cuándo frenar. 

1.8.11

Ecos y aullidos

El reloj marcaba casi las 6:00 pm y ya empezaba a oscurecer.
A lo lejos escuché los apresurados "click click click" que las uñitas de Bruno hacen sonar en suelo cuando se dirige hacia otra de las habitaciones de la casa.
click click click click...
Llegó donde estaba yo, tirada en mi cama viendo el techo esperando que llegue Lalo para ver qué haríamos. Por mientras, trataba de relajarme. Y encontré un recuerdo, esos que flotan por mi mente de vez en cuando.
Lo atrapé.
Y una vez más, lo hice mío.

Recuerdo que un día descubrí que Bruno podía imitar el sonido que yo hacía. Un sonido en particular. El aullar. No es que yo aúlle siempre así por loca no? pero cuando era chiquito y lo tenía en mis piernas una vez me dieron ganas de "hablarle" como él me hablaba y empecé con el "auu au auuu au auuuu" con el que siempre me recibe cuando llego de la calle con las orejitas totalmente pegadas a la cabeza (como cuando está cariñoso). Me miraba fijamente con los ojos brillosos y las orejitas en posición de "atención", después de unos segundos, pegó las orejas nuevamente, levantó el hocico y lanzó un fuerte y largo auuuuuuuuuuuuu finalizando en un pequeño llantito.

No lo podía creer. Estaba compenetrándose con mi aullido!!! Me dio pena porque lloró y seguro pensó que yo también lloraba. Desde ahí prometí no hacerlo más. Pero seguía sin creerlo. No quería volver a hacerlo llorar.

Llegaste del trabajo y te conté con asombro lo que había logrado con Brunito, y totalmente incrédulo me dijiste: no, que mentira. Y como no me pueden dejar con el asombro a mí sola, te dije bueno te lo demostraré pero solo una vez porque me da mucha pena. Y empecé a aullar como lorna otra vez. Te reías y yo con la mano te hacía señales de "silencio que ahí viene el aullido". Levantó la carita y "auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu". Con la boca abierta me dijiste que no lo podías creer. Lo acariciaste y empezaste aullar para que te imitara. "No papi ya nooooo. No seas malo!!! Él sufre!!!". Te reíste aun más fuerte porque fui yo quien empezó y quien descubrió este "truco" si podríamos llamarlo así.

Desde ese día, algunas veces que estaba en mi cuarto te escuchaba aullar a lo lejos, luego a Bruno y luego una risa. Siempre terminaba con mi grito diciendo "Papi ya pues!!! No le hagas así". Pero ahora, me da pena no escucharte más jugar con él.

A veces pienso que te busca en cada cuarto, en cada esquina, en cada rincón de la casa.
A veces creo que te extraña cuando se sienta en el lado de tu cama y mira la ventana sin mirar a nadie.
A veces solo huele por tu mesa de noche, baja la cabeza y se va.
A veces pienso que se pregunta dónde estás.

A veces se para en la ventana y aúlla.
Pero ahora, sin necesitad de imitar a nadie.


El heroe de mi vida