Hoy me pincharon 5 veces seguidas cada media hora. Alternando los brazos para no saturar a la vena. Suena gracioso, pero ahora hasta las venas se saturan. No manejan, no escuchan quejas del mundo, no se pelean con otras venas, no tienen que decidir qué ponerse hoy, pero se saturan. En fin, es la segunda vez en la semana que me hago estos análisis que odio tanto, pero nada, gajes del oficio.

Recuerdo que desde que estaba chiquita me solías dar ánimos antes de cada análisis de sangre, vacuna o inyección cualquiera. "Es sólo un pellizcon" acercabas tus dedos a mi bracito y con las uñas me dabas un piquete "y ya está". Al no sentir nada más que tus uñas, a pesar de apretar los dientes y tener algo de miedo, no sentía nada. Me sentía más tranquila.
Al ingresar al consultorio y sentarme en esa silla con brazo robótico para poner el codo te miraba siempre a los ojos y me decías que sólo serían unos cuantos segundos, que contara en voz alta junto contigo. "Ya, ahora respira profuuuuundo y cuenta: uno, dos, tres, cuatro, cinco.... ya ves???? Ya terminó". Abrí los ojos despacito, no podía creer que haya pasado tan rápido todo y aún pensaba que cuando los abriera iba a ver la jeringa succionadora de sangre en plena acción.

Saliendo del consultorio mi mami me pregunta si tenía hambre, más de 12 horas de ayuno de todas manera iban a ocasionar un revoltijo de tripas alocadas por algo de comida. Era mi parte favorita de cada vez que me sacaban sangre: la cafetería con ustedes dos. Un jugo de naranja y tostadas con mermelada era lo máximo para mí. Siempre simple. Así como la milanesa con papas típica en cada salida dominguera. Ya comiendo me contabas tus "alucinantes" historias de cuando te sometías a algunas pruebas clínicas. "Alucinantes" digo porque me parecía increíble que compararas ese líquido asqueroso llamado glucosa con una inmensa torta de chocolate. Recuerdo que decía "qué rico papi! Que me hagan esa prueba a mí!!!". Te reías por horas, tal vez pensando en que ese brebaje tenía parecido a todo, menos a una torta de chocolate. Igual, me decías que te habían hecho alguna vez también la prueba de algo, en la que te hacían comer pura palta antes de sacarte sangre. Era la prueba perfecta para mí!!! Pero años después, preguntando a todo el que podía dicha prueba no existía. Te saliste con la tuya, me agarraste de inocente una vez más sólo por verme sonreír y no pensar en el pequeño pinchazo que me acababan de hacer en el brazo derecho.
Hoy recordé esa torta de chocolate, y al tomarla pensé en ti.
Sólo faltaba tu sonrisa y el característico ¿ya te lo terminaste sin invitarme?.
Te extrañé una vez más.
Como siempre...